70 AÑOS DE LA OPERACIÓN “BARBAROSSA”

            La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) fue iniciada por el dictador alemán Adolfo Hitler con el ataque a Polonia de septiembre de 1939. En agosto de ese fatídico año Alemania había firmado un pacto de no agresión con la  Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) regida por otro dictador, Joseph Stalin. Eso le dejó espacio libre al Führer para sus primeras resonantes victorias en el frente occidental, donde derrotó a Francia en una campaña que demostró la eficiencia de la “Blitzkrieg”, la nueva guerra tipo relámpago que en su momento deslumbró por el uso de unidades móviles (los legendarios tanques Panzer) con apoyo de artillería aérea –aviones Stuka-y posterior ocupación de la infantería. La combinación probó ser demoledora: París capituló en 40 días. El único rival restante era Gran Bretaña. Como resultado de la derrota aérea de la Luftwaffe en la batalla de Inglaterra (1940), los planes  para invadir el Reino Unido quedaron archivados hasta nuevo aviso.

El Oberkommando des Heeres (OKH-Comando de Ejército) alemán había preparado desde mucho tiempo atrás el “Operativo Otto”, pensando en una eventual lucha contra la Rusia comunista. Esto es poco conocido y se divulgó recién al abrirse los archivos del Kremlin luego del colapso en 1991 de la URRS. Hitler –quien afirmó reiteradamente que su marcha por espacio vital sería hacia el este- actualizó el antiguo Plan Otto y lo rebautizó como “Barbarossa” -en honor a un príncipe germano del medioevo-, fijando para  principios del verano boreal de 1941 el inicio de su pelea privada contra el otro gigante totalitario.

La operación comenzó en la madrugada del 22 de junio de 1941 sobre un extenso frente de más de 1.200 kilómetros, desde el mar Báltico hasta el Mar  Negro. Estuvo a cargo de tres grandes ejércitos, del norte, centro y sur respectivamente. Alemania concentró al efecto 2.973.000 soldados, 3.580 tanques, 7.184 cañones, 1830 aviones y 750.000 caballos. Nada superó –hasta este tercer milenio inclusive- semejantes dimensiones militares.

Comenzó así la parte más cruel y decisiva del conflicto global. Millones de soldados y civiles perecieron de ambos lados. Aunque Hollywood se ha encargado de popularizar cinematográficamente las campañas anglosajonas en occidente, todas ellas ocuparon menos del 20% de las tropas germanas. En el escenario europeo, la verdadera guerra se libró entre Rusia y Alemania. Todo lo demás –expresado con respeto- ha sido de mucho menor relevancia.

Observadores británicos y norteamericanos calcularon que Rusia sería vencida en pocos meses. Craso error, sucedió lo inverso luego de cuatro largos años. Tras espectaculares triunfos iniciales vinieron los reveses. Los Panzer del general Heinz Guderian llegaron a las afueras de Moscú  en octubre de 1941 pero el invierno frenó su marcha. El genial estratega alemán Mariscal de Campo Erich Von Manstein, pese al desastre previo de Stalingrado (febrero 1943) aún logró resonantes victorias en Ucrania, pero a partir de la gran batalla entre blindados de Kursk (julio 1943) los soviéticos avanzaron hasta recuperar todo el territorio perdido. Alejado  Manstein del frente oriental por  desinteligencias con Hitler, la tenacidad rusa y su superioridad numérica terminaron imponiéndose.

La URSS culminó su exitosa reconquista ocupando la antigua capital prusiana, Berlín. El “milenario” Tercer Reich se disolvió para siempre -en un mar de sangre y de genocidios inenarrables- con la rendición incondicional del  8 mayo de 1945. Fue el  trágico final de la Operación Barbarossa, iniciada 70 años atrás en un momento crucial del pasado Siglo XX.


Publicado en fecha: 3 de junio de 2011
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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