LA ZOZOBRA DEL SECTOR AGROPECUARIO

El importante sector agropecuario  boliviano –básicamente centrado en el oriente a fines de su explotación extensiva-  y que además concentra un número importante de mano de obra, termina el 2010 entre luces y sombras. Luces por que los precios internacionales de los productos del campo siguen ostentando cotizaciones altas, lo que estimula la producción  premiando a quienes sean eficientes en términos de competitividad y productividad. Sombras, porque cada vez se le dificulta más  al sector programar planes de largo plazo por la recurrente politización del tema tierra, continuas amenazas o presiones gubernamentales, falta de  varios estímulos, entre ellos acceso al crédito,  malos caminos, etc. Agreguemos el peligro de masivas importaciones subsidiadas -o con “dumping”- que compiten  con ventaja en el mercado interno.

Al tener que rendir cuentas  cada dos años con respecto a la llamada “Función Económica y Social” (FES) que disponen el Instituto Nacional -¿Plurinacional ahora?- de  Reforma Agraria (INRA) y la  ley respectiva, un productor agropecuario se verá en bretes al tratar de conseguir un préstamo que exceda ese límite de tiempo, lo que obviamente le dificultará  cualquier tipo de planeamiento con horizonte extendido.

Nadie discute la primacía del mercado interno. Alimentar y abastecer al propio pueblo debe ser siempre prioridad absoluta. Luego vendrá la exportación y cualquier otro tipo de negocio. Eso tiene que quedar perfectamente entendido en todos los sectores productivos. Al respecto, bien podría crearse –por ejemplo- un “pool” de bienes agropecuarios  “x” que permanentemente satisfaga las necesidades de la población. Al mismo tiempo, con ese proceder se aseguran también los permisos correspondientes para vender al exterior el excedente. Una acción  conjunta y proactiva  en ese sentido del sector -para los diferentes rubros que abarca- será bienvenida tanto por autoridades como por la comunidad. Como contrapartida, el Gobierno facilitaría procesos exportadores,  importación de insumos y crearía normativas especiales que permitan acceder al crédito de largo plazo a los agropecuarios.

La seguridad y la soberanía alimentaria son elementos claves para el destino de cualquier país. Toda nación capaz de alimentar bien a su propio pueblo y tener excedentes para vender al resto del mundo, tiene un pedazo de la llave de dominación en el contexto internacional. Los  desventurados países que viven del alimento comprado o donado del exterior, siempre serán limitados.  De ahí la importancia esencial, fundamental, del sector que maneja el campo, ya sea en Bolivia o en cualquier otra región del globo. Todo lo que sea cubrir necesidades básicas, asegura siempre un venturoso destino al pueblo que así procede. Lo contrario generará problemas e insufribles dependencias. Esto debe ser bien entendido por autoridades y productores, quienes en lugar de discutir y contrapuntear públicamente tendrían que  estar sentados  ¡Ya! en una mesa de concertación que asegure –para unos y otros- la seguridad de contar con un pleno abastecimiento alimentario a precios accesibles y al mismo tiempo, garantizar mercados externos para lo que sobre. Como decía Ortega y Gasset: “hay que ir a las cosas”. Solamente así se terminará la actual zozobra que rodea al vasto sector  productivo agropecuario, clave  esencial para un futuro optimista o  para negros momentos en el porvenir. Todo dependerá de la mutua prudencia e inteligencia de quienes gobiernan y de la dirigencia del sector. Confiemos en que el resultado final sea positivo para todos y que el 2011 traiga mejores vientos para este crítico aspecto de la economía boliviana.


Publicado en fecha: 24 de diciembre de 2010
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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