SIGUE LA DECADENCIA DEL PENSAMIENTO GLOBAL

En 2003 publiqué una nota titulada “Prohibido pensar en grande”. Veo que en 2010 esa tendencia continúa. Lo de “prohibido” es ciertamente figurativo, nadie nos prohíbe nada, pero nos da la pauta de cómo anda la situación, sobre todo si la actualizamos para esta primera década cumplida del tercer milenio. Más que prohibir, habría que decir inhibir o auto limitación. Nadie quiere pensar en términos estratégicos. El consolidado de la globalización  -paradójicamente- nos ha traído un planeta pleno de conformismo y “practicidad”. En otras palabras: a mayor abundancia de conocimiento, más pequeñas las líneas de pensamiento. Ya no se hace un análisis amplio de las cosas. Tampoco se filosofa, eso parece  hoy “anticuado” y fuera de lugar. Se sigue así en el ámbito pequeño de acumular conocimientos estrechos con la suma parcializada de especialidades, sin otear el gran escenario mundial en donde -por definición- labramos nuestra existencia  y construiremos nuestro porvenir. 

Tal como Federico Nietzsche lo destacó en su momento, el eterno retorno siempre se produce, aunque no bajo las mismas condiciones, sentimientos o circunstancias. Es, por citar un ejemplo, el caso del fuerte retorno de la geopolítica en este tercer milenio, luego de años de ser ignorada  -y hasta despreciada- por los nuevos "intelectuales", muy capaces en sus campos pero incapaces de albergar ideas globales. La actual situación mundial impele nuevamente hacia el análisis del gran escenario geográfico y sus  inevitables vínculos con el poder.

A la élite contemporánea no le gusta racionalizar sobre temas espaciales ni geopolíticos, aunque estemos hablando de integración y de la conquista de territorio para lograr mejores cultivos, distribuir la tierra, edificar viviendas, construir carreteras o facilitar mayores asentamientos poblacionales. En la actualidad se trabaja con objetivos minúsculos, nadie piensa en grande, ex profeso no se lo quiere hacer. Y de tanto convencerse de lo “correcto” de ese proceder, todos están de acuerdo en achicar mente y perspectiva.

No es que se haya prohibido taxativamente el pensar en grande, pero se le ha dado tal tinte de obsolescencia a ese enfoque que ya casi nadie se atreve a ser “generalista”, a mirar las cosas en su contexto amplio. Todos  -o casi todos- se conforman con la mezquindad del corto alcance. Al perder la perspectiva global, inclusive reducimos la gama de posibilidades concretas que el mundo y la vida podrían ofrecernos.

Mientras más pequeño y centrado el  actual pensamiento, éste parece ser más “científico” e “intelectual”, menos “soñador” y más “pragmático”. Así anda este mundo en el presente; no en vano vamos de problema en problema y con montones de conflictos localizados. La falta de un pensamiento en grande también obnubila las posibilidades de soluciones en grande.

El mundo será de los que comprendan el futuro. A los que más les importa la comodidad del presente a la larga les faltará lo esencial, pues no tendrán un concepto estratégico que garantice su viabilidad en los años que vendrán.

Precisamos volver a la óptica del águila. Debe superarse pronto la  moda tecnocrática de la diminuta mirada específica, muy útil en sí para ciertos casos, pero nunca podrá excluir –mucho menos sustituir- al imprescindible pensamiento en grande.  La visión corta será, a lo sumo, un necesario complemento de la  primaria visión global.


Publicado en fecha: 26 de febrero de 2010
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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