EL SER HUMANO, EL ESPACIO Y LAS CIRCUNSTANCIAS

Cuando Ortega y Gasset emitió su tan repetida sentencia "Yo soy yo y mis circunstancias y si no salvo mis circunstancias tampoco me salvaré yo”, mediante esa expresión dio a entender algo mucho más profundo que la simple banalidad con la que en algunas partes se interpretó la  célebre cita del filósofo español.

La vida es el lugar de lo inesperado. Si queremos avanzar con decisión hacia nuestros objetivos, debemos adquirir cierto gusto por el riesgo. Nada es seguro en este mundo, mucho menos en estrategia o en política. El ser humano debe cargar con lo imprevisto, con lo que sucede a su alrededor y  con lo que lo afecta positiva o negativamente. Debe también, ser capaz de remontar con coraje las adversidades, o de enfrentarlas con determinación cada vez que las tenga frente a sí. De ese coraje nacerá eventualmente una sana vocación de poder y de superación. Si sucede lo contrario, nacerá un espíritu timorato, acomodaticio, obsecuente, listo para ser un buen esclavo del amo de turno. Hay seres de ambas categorías -y en abundancia- regados en todo el orbe.

La misma historia es también el lugar de lo inesperado. Lo único valedero es el espacio en el que actuamos. El espacio es fijo e invariable -por lo menos en el corto plazo- mientras que todo  el resto (“las circunstancias”) resulta ser de naturaleza incierta.  El espacio está ahí siempre, como mudo testigo o actor, como factor de ayuda o factor de desastre, pero el espacio permanece. Es una realidad de la que es imposible evadirse. Sea lo que sea lo que deseamos  hacer o aspiramos concretar,  nada podemos hacer  en lo inmediato ni contra el espacio ni a su favor. Usaremos lo positivo del espacio y trataremos de minimizar lo negativo, si ello está a nuestro alcance.

Por otro lado, las circunstancias pueden ser fruto de algún fenómeno particular, como por ejemplo una catástrofe que trastorna cualquier programa de gobierno, viaje, proceso de construcción, etc., Las circunstancias pueden  también ser fortuitas o aleatorias. No elegimos dónde nacer, no elegimos tener padres ricos o pobres, vivir en el desarrollo o en el subdesarrollo. Nadie sabe dónde y en qué país nacerá quién y cuándo habrá de morir. Un Julio César, un Gengis Khan, un Napoleón, un Perón, un Hitler, un Obama, un Kennedy, un Pol Pot, un Picasso, un Miguel Ángel, y así sucesivamente, son personajes que nunca son previsibles ni se sabe dónde surgirán hasta que ello sucede. Esas circunstancias obviamente se imponen sobre nosotros.

Finalmente, hay circunstancias, hay momentos, que sí uno puede vencer o puede inclusive crear o forjar, pero  esos momentos a nuestro alcance son los menos, aunque aún así  debemos reconocer que se precisa una dosis enorme de tenaz fuerza de voluntad para lograr superarlos, modificarlos o cambiarlos.

Los seres humanos, en nuestras acciones individuales, somos prisioneros del espacio, cautivos de lo que no sabemos e impotentes de lo que no podemos prevenir y que escapa al control propio. Somos, asimismo, prisioneros –a la buena o a la mala- de las sociedades organizadas o desorganizadas en las que hemos nacido y que no las elegimos nosotros. Fue el destino el que nos puso a unos en un lugar y a otros en otro, no estuvo en nosotros  mismos la posibilidad de elección.  Esta es la realidad concreta de ser uno (el “yo”) y las circunstancias, como también el “salvar” éstas para así salvarse uno. El tema es complejo y da para más. Lo retomaremos en una futura oportunidad.


Publicado en fecha: 25 de junio de 2010
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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