RAZA Y CENSO EN LOS ESTADOS UNIDOS

El censo  no es otra cosa que un recuento de población, ejercicio que en naciones organizadas se  lo realiza periódicamente, por lo general cada cinco a diez años como máximo. El censo arrastra consigo también diversos datos descriptivos y estadísticas; es una especie de relevamiento general de “x” región o estado. Los censos son, además, de enorme utilidad para poder trazar diversos tipos de políticas públicas y privadas.

En Bolivia el último censo tuvo lugar en 2001. Eso quiere decir que –a más tardar- en 2011 deberíamos tener un nuevo recuento global en nuestro país, el que a esta altura se hace imprescindible por diversas razones.

Durante este 2010 se está llevando a cabo el censo en los Estados Unidos (ver http://2010.census.gov/2010census). Recientemente leí algo al respecto en una publicación norteamericana. Resulta que el presidente Barack Obama –mestizo, hijo de  padre negro y madre blanca- se encasilló  voluntariamente en el tablero correspondiente a los “afroamericanos”, o sea, a la raza negra, pese a que la pregunta 9 del censo tiene para la respuesta sobre la raza  opciones múltiples. Esta pregunta viene desde el primer censo estadounidense de 1790 y se arguye actualmente que es importante para poder hacer seguimiento a los derechos civiles, evitar prácticas discriminatorias, etc.

Otra pregunta peculiar del censo norteamericano es la número 8, donde se consulta si el individuo es “hispánico”, latino o de origen español. La misma también tiene opciones múltiples y fue instaurada desde 1970. Hoy en día, la población de origen hispano ha crecido considerablemente en EE.UU. por los flujos migratorios de México en particular y de América Latina en general.

Es sintomático que Obama haya elegido el ser negro, pese a su clara  condición de raza mixta. Así, como negro, seguramente fue tratado toda su vida y es como él se siente.

Por otro lado, si bien es comprensible que se quiera tener –para usos diversos- datos raciales específicos en un país como Estados Unidos que ya supera los 300 millones de habitantes, el término raza se vuelve cada día más antipático. Vivimos en un mundo globalizado donde se interactúa en todos los órdenes de la vida y donde la ciencia ha demostrado fehacientemente que no hay diferencias entre las razas. El propio desarrollo del genoma humano probó científicamente que no existen distinciones raciales. Las diferencias sí se dan por el lado de la nutrición y cuidados infantiles, como también por la mayor o menor posibilidad de contar con igualdad de oportunidades. Estos factores son los que a la larga determinan que algunos aparenten ser “mejores” que otros y no por raza, sino por haber sido más afortunados en materia de alimentación, salud, medio ambiente socio-cultural y educación.

Comprendo las razones que motivan a EE.UU. con el tema raza en sus censos y lo mismo sucede en otras latitudes, pero no estoy de acuerdo. Inclusive la pregunta sobre raza del 2001 en Bolivia era tan ambigua que –como es sabido- ha creado más de una  gratuita confusión en nuestro país, mayoritariamente mestizo.

No hay razas superiores ni inferiores. El concepto racial es obsoleto. Importa lo que una persona es y las posibilidades que se le brindan, para que  así tenga una vida honesta, productiva y saludable. Color, tamaño o vestimenta son irrelevantes. El ser humano como tal es universal. El término raza debería eliminarse de los censos y estadísticas. Su continuidad acelera un racismo subyacente que puede llegar a ser francamente odioso y discriminatorio. Lo único válido es la raza humana.


Publicado en fecha: 28 de mayo de 2010
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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