PROGRESO Y NECESIDADES BÁSICAS

Particularmente desde el pasado Siglo XX y  hasta este tercer milenio que ya lleva una década, el progreso ha sido imparable. Toda clase de maravillas en los campos de la información, la medicina  y tantos otros adelantos (incluida  la  siniestra creación de métodos de destrucción masiva), se han dado y se siguen dando. Hoy en día podemos comunicarnos instantáneamente con un amigo en Nueva Zelanda o mandar dinero en cuestión de segundos de un punto al otro del globo. Como ya es común repetir, el mundo se ha transformado en una pequeña aldea de intercambios permanentes y asombrosamente veloces. Pero he aquí que frente a este irrefrenable progreso, existe un contraste notable con las necesidades  humanas básicas y que pocas veces se lo reconoce.

El mismo joven que manda mensajes por Internet hacia algún  remoto lugar del mundo, precisa espacio físico para hacerlo y necesita otra porción de espacio para dormir, estudiar, entretenerse; en suma, espacio para vivir y desarrollarse. Eso es inmutable y al margen del nivel existente de progreso. Por otro lado, el mismo muchacho de nuestro ejemplo también necesitará –siempre- alimentos para comer, agua para tomar, agua para bañarse y un sistema de alcantarillado para sus aguas servidas. De allí sigamos pasando a otras condiciones en la vida de ese individuo y veremos que las necesidades básicas son relativamente fijas frente a la dinámica del progreso. El camino desde la casa hasta el colegio o la carretera, la ruta marítima para el barco o  el plan de vuelo para el avión que lo transporte, tendrá siempre que estar ahí. Será disponible según necesidades o costos, pero será inmutable, sea cual sea el progreso tecnológico. La ruta podrá ser asfaltada y ya no de tierra, el barco será ultramoderno y el aeroplano ídem, pero la distancia -el espacio- permanece y no  se modifica.

Este simple pero contundente hecho es poco reconocido pese a ser absolutamente cierto. El progreso podrá hacer que ciertas cosas o comunicaciones se realicen en un mínimo lapso, pero la realidad del espacio nos señala que seguiremos siempre dependiendo de una dimensión territorial -y de los recursos emanados de ese territorio a nuestro alcance o bajo nuestra soberanía- para todo tipo de satisfacción de las necesidades básicas individuales o colectivas.

Para comer hay que sembrar previamente y criar o cazar animales de antemano.  Eso requiere de espacio y de tiempo. Los ciclos de siembra y cosecha serán los mismos aunque modernas técnicas agropecuarias aceleren algunos movimientos. El período de parición de una vaca, cabra, o cerdo tampoco puede cambiarse. Los huevos  en las granjas avícolas se tratan  hoy en incubadoras, pero la maduración para que  ese huevo se transforme en un pollito seguirá siendo idéntica a la natural. El espacio nos cobija y nos atenaza a la vez con el tiempo que transcurre para cubrir ciclos, períodos o  simples cambios de la naturaleza. Asimismo, las distancias físicas hay que recorrerlas si se quiere tomar contacto personal o transportar algo y así sucesivamente No podemos escapar de esa lógica irrebatible.

Una cosa es el progreso sin cesar, otra son las necesidades básicas que descansan sobre la  relación espacio-tiempo. Hay que tomar en cuenta este elemental y olvidado  aspecto al establecer pautas de planificación de cualquier naturaleza, o a los fines de realizar un análisis geopolítico elemental.


Publicado en fecha: 5 de febrero de 2010
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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