POBRE COMPETITIVIDAD Y ESCASA PRODUCTIVIDAD

La información acerca de que Bolivia está en un pobre puesto 108 en el ranking de competitividad  -dado a conocer por el “World Economic Forum” (WEF)- fue ampliamente difundida la semana anterior. Una vez más, estos índices mundiales ubican a nuestro país en situaciones postreras. Según la información disponible,  el Índice Global de Competitividad se basa en doce pilares que incluyen un análisis de instituciones, infraestructura, entorno macroeconómico, educación sanitaria y primaria, capacitación y educación superior, eficacia de los mercados de bienes y laborales, desarrollo del mercado financiero, disponibilidad tecnológica, tamaño del mercado, sofisticación empresarial e innovación.

En todos ellos Bolivia –aunque algo haya avanzado- sigue estando en posición muy deficiente y eso, obviamente, se refleja en los dramáticos índices de atraso que ostenta el país por encima de la alharaca  demagógica del momento. El primer Estado de la lista de competitividad, Suiza, está cada vez más alejado de Bolivia, pese a la bravata presidencial de hace tres años cuando  Evo Morales anunció que “en quince años estaremos igual que los suizos”. Faltan ahora menos de 12 años para que se cumpla el “pronóstico”. Mientras, la distancia  de Bolivia con respecto a la rica Confederación Helvética -en lugar de acercarse- se acrecienta en forma prácticamente inalcanzable.

Al decir del argentino Castro Corbat,  un labrador con un arado y un buey puede sembrar una hectárea por día. Un operario con tractor y sembradora siembra veinte. El labrador vivirá en la pobreza, mientras el operario, puede ser ingeniero y prosperará. Es la productividad. Para que la sociedad mejore, cada hombre debe producir más bienes o servicios, de mejor calidad y con menores costos, es decir aumentar su productividad, lo que requiere: inversión en  estructura y equipos de producción, incorporación de tecnología, capacitación del personal, programación de la actividad y control de costos y resultados. Las necesidades básicas para aumentar la productividad son: a) inversión de capital; b) capacitar al personal para aumentar su productividad.

Según el economista Jeffrey Sachs, la competitividad en términos precisos es la capacidad de lograr desarrollo económico sostenido en el mediano plazo (cinco años). Se ha determinado la competitividad de un país -su capacidad de crecimiento- basándose en tres criterios amplios: tecnología, instituciones públicas y estabilidad macroeconómica, asevera el economista estadounidense.

Afirma además Sachs, que la economía mundial puede dividirse en dos categorías de países: los innovadores y los no innovadores. Apenas una veintena de los países del mundo son creadores activos de invenciones nuevas.  A todo esto. el análisis de competitividad no se centra en los doce o veinticuatro meses próximos, sino en el mediano plazo. Los puntajes no sirven para evaluar condiciones cíclicas a corto plazo, pero sí permiten vislumbrar las perspectivas a mayores plazos de las economías.

La competitividad es un concepto que va mucho más allá  de la mera capacidad de competir. Refleja la continuidad de un proceso de crecimiento auto sostenido que culmina en un cambio cualitativo. Obviamente, la productividad -y su mejora constante- resulta ser el sustento básico que fogonea al ritmo competitivo. Sin incrementos sustanciales de productividad y mejoras de fondo en su competitividad global, Bolivia seguirá siendo pobre y atrasada Todo lo demás es blá, blá.


Publicado en fecha: 17 de septiembre de 2010
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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