NEGATIVA GEOPOLÍTICA INTEGRADORA DEL “EJE TRONCAL”

El llamado “eje central o troncal” ciertamente no tiene ninguna trascendencia geopolítica allende las fronteras de Bolivia y se agota en si mismo, pero en términos financieros, económicos y de población, abarca internamente un abrumador porcentaje mayoritario con respecto al resto de Bolivia. Eso, desde ya, no es bueno para una verdadera geopolítica de integración en el país, sobre todo desde la perspectiva de un pensamiento global con alcance nacional. Es más, la exacerbación de actividades en el eje LP-CB-SC amortigua, disminuye y quita importancia a gran parte del territorio con claro desmedro de  sus realidades, como también de las potencialidades de ese inmenso Hinterland que se encuentra fuera del tal eje.

Para comenzar, tenemos seis ciudades -cabezas departamentales- que quedan marginadas: Oruro y Potosí en el altiplano, Sucre y Tarija en los valles, Trinidad y Cobija en los llanos orientales. Si bien se hacen esfuerzos para unirlas por vías férreas, camineras o fluviales y también hay conexiones aéreas, la actividad general es mucho más baja que en el eje troncal y además, poco se hace por estimularla. Además y sin pasar por el eje, nadie llega a ninguno de esos seis lugares.

Por tanto, hay que aguzar la imaginación geopolítica para intentar crear otros ejes complementarios que con el tiempo alcancen la vitalidad del formado por La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, eje que  además –se reitera- comienza y termina sin mayor sentido integrador ni proyección externa. Es más, este eje “chupa” los recursos del resto marginado y sin quererlo, perjudica a los otros departamentos en su propio accionar.

Podemos pensar en un eje Cobija-La Paz-Oruro-Potosí y en otro que una a Trinidad con Santa Cruz y Tarija. Asimismo, podría revitalizarse el viejo triángulo imaginado por Travassos (Sucre-Cochabamba-Santa Cruz) y agregarle Potosí. Ejes fluidos, compenetrados de flujos integracionistas recíprocos, ayudarán a la unidad nacional y al crecimiento. Todos ellos, obviamente deben estar interconectados dinámicamente con el llamado eje troncal, pero esta vez fogoneando su propio crecimiento, ya no dependiendo de ese eje –como sucede ahora- hasta para su más mínimas transacciones o viajes y para colmo,  en perjuicio propio. Se precisa una articulación verdadera e integral del espacio patrio.

El eje troncal actual representa la hipertrofia de un solo sector  central en desmedro de una enorme extensión geográfica boliviana que queda, o marginada, o supeditada a lo que se haga o se decida en el eje troncal. Eso no es ni bueno ni deseable. Hay que ver cómo podría cambiarse ese rígido esquema inter-centralista para darle mayor cabida  autónoma a otras ciudades y regiones con enorme potencial en los campos mineros, financieros, energéticos, agroindustriales, etc.

Que el país es rico lo sabemos hace tiempo. Que los bolivianos no sepamos hasta ahora aprovechar ni riquezas ni materias primas propias es también  vieja verdad de Perogrullo. Ahora que se habla tanto de volver a prácticas de planificación y de “refundaciones”, sería bueno comenzar a pensar con criterios modernos para el Siglo XXI y sobre la base de decisiones geopolíticas verazmente integradoras y fortalecedoras de la unidad. Del eje troncal pasemos pues a un conjunto de ejes en todos los órdenes de actividad, a una nueva dinámica que relance a Bolivia y le  otorgue impulso a vastas zonas del país que -pese a sus enormes dotes de recursos- viven hoy postergadas (o en estado de  casi absoluta dependencia) con respecto al centralista y excluyente eje troncal.


Publicado en fecha: 7 de mayo de 2010
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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