LA DEMANDA DE PETRÓLEO SIGUE  IMPARABLE

En estos momentos del 2010 –con cifras aproximadas y al alcance de todos-, podemos afirmar que el consumo mundial de petróleo bordea los 90 millones de barriles por día. La producción le sigue muy de cerca. Solamente en los últimos cuatro años la demanda se incrementó en casi 30 millones de barriles diarios.

Cada vez  cuesta más encontrar petróleo. Todas las fuentes “fáciles” ya fueron exploradas o se encuentran en explotación. Los hallazgos y prospecciones actuales son de costo más elevado y se precisan enormes cantidades de dinero para su ejecución. No es de extrañar que el grupo de  compañías petroleras siga siendo reducido. Se trata de un club exclusivo con muchos recursos y potencial de generar  ingentes ingresos cuando la suerte acompaña al obtenerse un filón petrolero. Como contrapartida, estas gigantescas  empresas deben tener fuertes espaldas financieras para poder sobrellevar desastres o absorber  pérdidas cuando la situación les resulta adversa.

Pese a su creciente uso y a ser más limpio para el medio ambiente, el gas natural  ha sido -será siempre- el pariente pobre del petróleo. El que no consigue petróleo se conforma con el gas. Es un poco la relación entre oro y plata. Esta última tiene un precio mucho menor que el metal aurífero. La plata es más abundante y menos dúctil que el precioso oro.

Desde hace años los gurúes energéticos han venido predicando “el fin del petróleo”. En paralelo y con la creciente alza del barril, se expandió la industria de los biocombustibles basada en recursos renovables, tales como el maíz o la caña  de azúcar para el etanol y en diversos tipos de oleaginosas para el biodiésel. Asimismo, continúa en expansión el proceso para generar otras fuentes alternativas de energía: eólica, solar,  represas hídricas, reactores nucleares, autos eléctricos con pilas de litio de larga duración, etc. Todo está en camino ascendente, pero aún así la necesidad del petróleo no disminuye.

Como combustible esencial, el petróleo -también imprescindible para una amplia  gama de productos industriales- prosigue su auge iniciado hace ya más de un siglo.
Los expertos aseguran que la demanda mundial de petróleo se duplicará durante los próximos 20 años y  que  en el inmediato porvenir Asia  podría reemplazar a Norteamérica como principal región consumidora. El conjunto China/Asia representa hoy el 30% de la demanda y se predice que  ella ascenderá al 43% hasta 2030. Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea, Japón y otros países desarrollados reducirán -en el mismo período- su  consumo del 58% al 47%.

En América Latina ha sido loable el esfuerzo de Brasil para asegurar su auto abastecimiento petrolero. En lo que hace a Bolivia, seguimos con la esmirriada producción de 30.000 barriles diarios desde hace muchísimos años. Ha sido imposible hasta ahora expandir esta insuficiente cantidad, la que ya no satisface la creciente demanda interna y nos hace depender de derivados esenciales como el diésel u otros. Urge realizar un análisis integral del tema energético boliviano tomando en consideración –más allá de modas ecológicas e ideologías del momento- un dato innegable: el voraz apetito por el petróleo es imparable y lo seguirá siendo por algunas décadas futuras. Todo lo demás son variables  alternativas de segundo nivel. La realidad es la realidad.


Publicado en fecha: 5 de marzo de 2010
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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