IMPORTANCIA DE LA UBICACIÓN  GEOGRÁFICA

Mi buen amigo José Ortiz Mercado (+) solía repetir un cuento acerca del aviso que habría puesto tiempo atrás el canciller de Rumania en un diario londinense: “cambio excelente doctrina de política exterior por una mejor ubicación geográfica”. El relato tenía su moraleja: no importa cuánto nos esforcemos en materia de política exterior si los factores geográficos nos resultan desfavorables o bien, es mejor cambiar uno por otro -como en el ficticio cuento- si ello traerá ventajas. No en vano Federico Ratzel destacó  en su momento la primacía de la ubicación sobre el propio espacio en que obviamente se encuentra “x” ciudad o país. Dentro de un mismo territorio, de un espacio geográfico único, predominará aquél que tenga la mejor ubicación.

Es sabido que la geopolítica establece que la ubicación de un estado y la suma de sus principales recursos naturales son  factores determinantes para la definición de su política exterior. Es así como un país minero tendrá cierto tipo de conductas externas, uno agrícola otras; una nación petrolera propondrá aspectos de política exterior vinculados con ese su recurso fundamental y así sucesivamente. La sumatoria recursos-ubicación adecua y condiciona la conducta de un país en la arena internacional. Cuando no hay recursos naturales pero sobresale el recurso humano, a los primeros se los buscará afuera, caso Japón, Singapur, Suiza. En lo interno, los recursos (o su falta) y la ubicación moldearán  conjuntamente el carácter y forma de ser particular de cada pueblo.

Cuando el gran geógrafo boliviano Jaime Mendoza expresó que “Bolivia había nacido mal en 1825” lo hizo en función objetiva de las realidades. En efecto, el flamante país no terminaba de dominar por completo ninguna de las áreas geográficas  que gravitaban sobre él y por eso tal vez nuestro destino ha sido tan infortunado. El dominio no es total en ninguno de los campos pero nuestro país nació así, siguió así y logró sobrevivir así, aunque con cortes y mutilaciones producto de la ceguera territorial de su liderazgo como  también fruto de la ambición de los vecinos que, a su manera, trataban de consolidar las pautas de sus propios estados nacionales.

Comparada con la Rumania del aviso, Bolivia de partida lleva una gran desventaja: se le quitó su salida al mar mientras la nación con capital en Bucarest tiene costa soberana sobre el Mar Negro. Además, Rumania controla el curso final del Danubio y su delta, que desemboca en el propio Mar Negro. Tiene otras dificultades geográficas y vecinos complicados pero Rumania es más afortunada que una Bolivia sin salida al mar, agregando a ello una geografía complicada por las diferencias topográficas entre altiplano, valles y llanuras. Bolivia le gana de lejos en extensión y recursos naturales, como también en ubicación estratégica. Si bien hay asfixia oceánica, estar en el medio del continente sudamericano brinda ventajas en este Siglo XXI para ser bisagra de los procesos de integración física y económica. Como “Heartland” Bolivia no tiene poder para irradiarlo hacia afuera en una geopolítica de conflicto,  pero sí tiene ese poder para ejecutar una geopolítica de integración. Rumania, no ostenta ni ostentará ninguno de esos roles en su periferia; su ámbito es muy reducido.

La ubicación acarrea conveniencias  e inconveniencias; el resultado final es un balance. Bolivia tiene varias ventajas geográficas, pero debemos reconocer que asimismo arrastra desventajas. Nuestra política exterior en el pasado siempre trató de reflejar estas situaciones, maximizando lo posible y minimizando lo negativo. Con república o “estado plurinacional”, así seguirá siendo en el futuro.


Publicado en fecha: 2 de julio de 2010
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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