GAS AMAZÓNICO AMENAZA AL GAS BOLIVIANO

“Seguiremos comprando gas boliviano”, afirman cada tanto las autoridades oficiales brasileñas. La realidad, poco a poco, nos muestra algo diferente. Según la agencia de noticias Bloomberg, el petrolero Marcio Mello (HRT Oil & Gas) anunció a fines de noviembre pasado que el impulso a la prospección y explotación de gas en el Amazonas “eliminará” la dependencia del gas proveniente de nuestro país. Esta noticia es una más de las tantas “indirectas-directas” que venimos recibiendo. Las palabras oficiales del Planalto no compensan adecuadamente hechos que tendrían que poner en alerta roja a los responsables del sector hidrocarburos del “Estado Plurinacional”.

Los lectores recordarán que hace un tiempo me referí al “shale” (16 de octubre/2009) formación rocosa peculiar que almacena gas natural en su interior. Pues, bien, en la Subcuenca del Solimoes y en la Cuenca del Amazonas se han encontrado grandes depósitos de formaciones de “shale” con significativas reservas de gas natural.  Aunque el desarrollo de estas cuencas gasíferas se dificulta por estar ubicadas en la selva húmeda y carecer de medios de transporte adecuados, la amenaza para Bolivia no deja de ser inquietante. Ya funciona en la zona (Urucú) un gasoducto  de 661 kilómetros que llevará gas a la capital amazónica, Manaos. La tubería bombeará  hasta 5.5 millones de metros cúbicos diarios en septiembre de 2010,  lo que cuantitativamente implica un poco más de la cuarta parte de lo que Bolivia le vende hoy al Brasil. Además, Estado y empresas brasileñas siguen invirtiendo en esos lugares. Ya hay capitales  disponibles por arriba de los 270 millones de dólares  y solamente para las tareas de exploración. A todo esto, PETROBRAS procura duplicar su producción gasífera por encima del millón de barriles diarios hasta el 2020, superando así ampliamente el casi medio millón  diario producido en 2009. “Brasil nunca volverá a depender de Bolivia”, habría afirmado Mello, siempre según Bloomberg. “Solimoes es el futuro”, agregó.

Mientras esto acontece, otros países sudamericanos, como Chile y Argentina, están cortando sus cordones umbilicales de dependencia de los gasoductos. Y lo hacen mediante contratos de gas natural licuado (LNG)  con terceros países de ultramar. El material llega en grandes buques para luego ser procesado mediante plantas especiales.

El tal anillo energético se cierra sobre Bolivia y nos puede llegar a apretar con la fuerza  mortal de  los anillos físicos de una anaconda, esa gigantesca serpiente del Amazonas más conocida en  el oriente boliviano como “Sicurí”.

De las legítimas esperanzas en torno a Bolivia  como el centro neurálgico de distribución y abastecimiento de gas para el Cono Sur, poco a poco estamos pasando a una fase en la que podemos ser marginales y hasta innecesarios. Por otro lado, no hay inversiones en el sector ni adecuados incentivos para atraerlas. El panorama es francamente desalentador.

YPFB anunció recientemente varios planes de desarrollo para mejorar producción y generar capitales. Veremos qué nos traerá este 2010. Por ahora, Bolivia  enfrenta el riesgo inminente de quedarse afuera del negocio energético en el mediato futuro.


Publicado en fecha: 22 de enero de 2010
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

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