EUROPA Y SU ACTUAL MIOPÍA ESTRATÉGICA

El pensamiento estratégico es sinónimo de pensar en grande, pensar en  enormes espacios. Fue la característica del pasado en Europa. No en vano las águilas ocupan un lugar destacado en varios escudos nacionales del viejo continente. Esas majestuosas aves ostentan un vuelo de altura con  amplia e integral visión. El pensamiento estratégico fue el pensamiento imperial, fue el propulsor de las hazañas europeas, concretadas éstas mediante descubrimientos y avanzadas de la civilización en todo el orbe, tanto por mar como por tierra, El pensar en grande trajo éxitos, dramas y hasta tragedias, trajo cosas excelentes y repelentes, pero, en definitiva, siempre prevaleció  en el pasado esa forma amplia de abarcarlo todo con una simple mirada.

Desde que terminó la Segunda Guerra Mundial (1945), tanto los vencidos como los vencedores  europeos -y el resto que les hicieron coro- ingresaron en una era de adormecimiento. Al concentrarse en sus problemas domésticos de reconstrucción -lo cual al principio era comprensible e imprescindible- terminaron olvidando el pensamiento estratégico, pasaron a ser  artífices voluntarios de su propia derrota mental, de su propio empequeñecimiento. Poco a poco y sin ni siquiera percibirlo, el liderazgo europeo pasó a ser  -en casi todos los casos y con mínimas excepciones- un liderazgo “chicanero”, miope, hipócrita, desprovisto de todo valor que vaya más allá de la inmediata satisfacción del interés de corto plazo. El cerebro de sus habitantes fue al mismo tiempo “lavado” para que responda y actúe de la misma manera. No en vano Barack Obama sentenció hace poco: “Europa no me crea problemas pero tampoco me ayuda a solucionar  ningún problema”. ¡Que humillante para los viejos dueños del mundo!
De la miopía estratégica europea iniciada a mediados del Siglo XX  y acrecentada en este tercer milenio que ya lleva una década, solamente se ha salvado Rusia. Con triunfos y derrotas, con revoluciones, depresiones o auges, el viejo país eslavo de los navegantes varegos, del legendario Kievan Rus y del Ducado de Moscowa, es el único que siguió teniendo visión estratégica. La tiene hasta hoy, más allá de que uno comparta o no esa visión. Los antiguos imperios europeos pasaron a ser pequeños estados de visión corta e incapaces de solucionar ni sus propios problemas. Cada vez que hay inconvenientes, en lugar de buscarles solución, todos terminan tocando las puertas de la Casa Blanca, lugar  en Washington D.C. donde se asienta el otro gran poder estratégico –EE.UU.-  que aún existe.

China, Brasil e India tal vez lleguen –o ya están en camino- a ostentar  con el tiempo visión de largo alcance. Sus propios procesos indican que así será. ¿Europa? Se quedó en el pasado. Ahora vive en la comodidad o en medio de coyunturas críticas que van y vienen. Más allá del fenomenal desarrollo integracionista de la Unión Europea y salvo esta muy notable excepción, su visión estratégica  global quedó estancada. Es lamentable la miopía que ahora reina. Peor: en algunos casos impera la comodidad, para así no asumir responsabilidades ni tomar decisiones.  Ni siquiera obraron por sí mismos en el dramático caso de los Balcanes. Tampoco actuarán por sí en otros conflictos. Total, Estados Unidos o Rusia harán siempre el trabajo. Los europeos mansamente seguirán al líder de turno, sea como “aliados” o “contras”.

Así anda la Europa milenaria, hoy próspera aunque con serios problemas económico-sociales. El pueblo permanece aletargado. Los gobernantes  europeos decidieron pensar en pequeño y abandonaron la visión continental que antes les otorgó grandeza.


Publicado en fecha: 12 de febrero de 2010
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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