EL COMPLICADO FUTURO HAITIANO

No agregaré nada a lo ya abundantemente escrito con respecto a la tragedia de Haití. El tema ahora radica en imaginar qué sucederá en el futuro inmediato. Es de interés hemisférico –y mundial- el lograr que Haití recupere su capacidad de funcionamiento en todos los niveles. ¿Será eso posible? Esta es la pregunta del millón.

La historia de Haití es tristemente paradójica. Fue la segunda nación americana independiente (1804) luego de los Estados Unidos (1776).  Haití ayudó además a la causa de la independencia en Sudamérica colaborando decisivamente al Libertador Simón Bolívar mediante su gran líder de esa época,  el presidente Alexander Petion. Luego Haití sucumbió por causa de guerras civiles, ocupaciones extranjeras y sangrientas dictaduras. Con el correr del tiempo Haití se transformó en un estado prácticamente fallido, sin capacidad de satisfacer necesidades elementales y dependiente de la caridad internacional. Fue así como terminó en manos de la llamada MINUSTAH, la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas para Haití. En este grupo convergen fuerzas  castrenses de varios países, Bolivia entre ellos. La Minustah ha sido, hasta antes del sismo, el único elemento ordenador de esa desgraciada tierra haitiana.

Tras el terrible terremoto queda en primera instancia -y como prioritaria- la tarea de salvataje y de retorno a la normalidad. Pero después ¿Qué pasará?¿Seguirá Haití como estaba hasta antes de la catástrofe? ¿Habrá cambios? Estos son los grandes interrogantes que la comunidad internacional en su conjunto debe ser capaz de responder. Nada se descarta. Puede que surja un mandato de la ONU declarando a Haití territorio en fideicomiso hasta que recupere su normalidad y el estado haitiano sea capaz de valerse por si mismo. En el momento presente, ni policías ni militares haitianos pueden imponer el orden y  los poderes civiles son totalmente inefectivos. En la práctica, ya hay una ocupación militar internacional desde hace tiempo. Últimamente y más allá de las protestas de algunos líderes populistas por la llegada de tropas estadounidenses, esos contingentes están evitando males mayores al mismo tiempo que socorren víctimas e instauran un mínimo de normalidad en Haití.

El panorama es complicado. Juegan en el tablero cartas tales como la historia, el principio de no intervención y no ingerencia, la soberanía de los estados y así sucesivamente. Sin embargo, también existen antecedentes de intervenciones humanitarias y ocupaciones -con mandato de la ONU- para restaurar el orden existente en otros lugares del globo.

Todo eso deberá medirse adecuadamente en su momento. Lo ideal sería que la Secretaría General de las Naciones Unidas cree  tan pronto sea posible una especie de comité ad hoc (o fuerza de tareas) dedicado a resolver el problema con miras a generar elementos para la viabilidad de Haití en el largo plazo. Y tiene que ser la ONU, la Organización de Estados Americanos (OEA) carece de credibilidad mientras Insulza sea su Secretario General.

El desafío está lanzado. Nadie lo dice pero se murmura en todas partes. Los propios haitianos saben que por sí solos son incapaces -al momento- de solucionar sus dramas e imponer un rumbo coherente. Por ahora, cabe iniciar pronto un largo proceso de reconstrucción. Y no hablo solamente de edificios, sino de  la creación de una base institucional  adecuada que  le permita al  actual estado fallido  de Haití dejar de fallar y funcionar como corresponde.


Publicado en fecha: 29 de enero de 2010
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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