DOMINIO MEDIANTE LA INTIMIDACIÓN

Intimidar, generar temor, representa una base psicológica de alta potencia y con fuerte rentabilidad política. Por el conducto del miedo podemos llegar a dominar sin problemas a una inmensa mayoría si es que los instrumentos de control han sido suficientemente “puestos a punto”. Muchas veces el temor inhibe acciones y hace innecesario o redundante el castigar. A la ecuación básica de la Ciencia Política se la define como la relación entre la capacidad de castigos y la capacidad de crear obediencia voluntaria, con el poder como factor básico de trasfondo. Dicha ecuación es fruto de un delicado equilibrio entre la obediencia voluntaria y la capacidad de imponer sanciones que ostente una sociedad determinada para cierto nivel de civilización y en alguna etapa histórica de evolución. El concepto va más allá de lo que acontece en un estado contemporáneo, constituido  como nación organizada por la relación pueblo, territorio, poder, ya que puede darse en cualquier contexto humano, sea una tribu primitiva, una horda, un conjunto de nómades, etc. En todos los casos, siempre habrá un grupo dominante que imponga las reglas.

A mayor capacidad de  dar castigos, se generará mayor obediencia, aunque puede existir un punto límite de rebeldía contra el poder establecido  que genere conflictos o secesiones. Por otro lado, grandes márgenes de obediencia voluntaria podrán reflejar la  lisa aceptación -la legitimidad- de “x” régimen instituido o “la suma de todos los miedos” traducida en armónica conducta y acorde con lo deseado por quienes detentan el poder.
Existen muchas maneras de generar obediencias, las que generalmente se socializan desde la niñez mediante la asimilación de símbolos y valores que se van sacralizando. Por otro lado, el método de la penalidad frente a la desobediencia seguirá siendo elemental pero contundente. Ingresar en la mente, en la psiquis de las personas a nivel individual y colectivo e infundirles temor o respeto es un proceso sofisticado, requiere mayor elaboración que las meras penalidades y ha probado siempre ser efectivo.

La Roma antigua no fue un mero estado armado protegido por sus legiones. Fue una unidad política inteligente con mando sobre su vasto imperio mediante la intimidación moral más que mediante una matanza incesante de adversarios. El temor, a la larga, resultó ser más efectivo –y menos costoso- que la imposición de castigos. Ello permitió la extensión durante siglos del exitoso dominio romano a lo largo de gran parte del mundo conocido en esa época.

Sobre la base de un temor asimilado, se construirá más adelante un marco ideológico que hará creer a la gente que lo que vive es algo “normal” o “general”. El poder, la capacidad de imponer una voluntad, estará siempre subyacente pero no actuará de forma explícita. Bastará para tener súbditos sumisos el detonador del factor intimidatorio, la creación del temor.

   El dominio sobre la base del miedo se usa parcialmente inclusive –en lo que podríamos llamar su versión “blanda”- en sociedades democráticas y se podrían citar varios ejemplos. En todo caso, los totalitarios y los que aspiran al totalitarismo ciertamente han perfeccionado las técnicas. Este Siglo XXI promete aún más sorpresas a través de la nueva tecnología del espionaje, del desarrollo digital del temor por medio de las redes sociales y de la propia Internet, etc. El miedo es un elemento innato al ser humano, quien lo sabe usar en su provecho siempre dominará al contrario. Crudo, pero simple y efectivo.


Publicado en fecha: 16 de julio de 2010
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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