BRASIL: MÁS REPRESAS Y MÁS PROBLEMAS

El gigantesco Brasil ostenta en su extenso territorio más de 700 represas hidroeléctricas, siendo hasta ahora la más grande de todas la de Itaipú, ubicada  sobre el río Paraná en la frontera con Paraguay. Por lo menos el 30% de la demanda energética brasileña es cubierta por su red de represas. Y es casi natural que así sea. Recordemos que Brasil es uno de los países mejor dotados del mundo en materia de agua y aunque este recurso –como lo manifesté en anteriores comentarios- por causa de una inadecuada administración y distribución falta angustiosamente en algunas  ultra pobladas zonas urbanas (caso el Gran San Pablo), es un hecho que hay mucha agua y ésta se la utiliza en Brasil como fuente de energía renovable, lo cual no está nada mal, pero sí deben tenerse en cuenta varios problemas; en particular, la forzada anegación de terrenos, el obligado desplazamiento de localidades y personas, potenciales propagaciones de enfermedades, daños ecológicos, etc. Como de costumbre, pros y contras tendrán que ser puestos en un balance próximo a lo que ha dado por llamarse “desarrollo sostenible”.

En función de lo expresado y contra viento y marea, Brasil ya licitó el pasado mes de abril de 2010 el megaproyecto de la usina de “Belo Monte”, ubicada en el río Xingu, estado de Pará, en la parte oriental del Amazonas. La represa a construirse será la segunda más potente del país luego de la de  Itaipú, pero ya desde ahora hay estridentes comentarios adversos de diversos grupos que se oponen tenazmente. La construcción se calcula durará por lo menos cinco años. El área a inundarse –según fuentes oficiales- será menor que la anticipada y de “solamente” 516 kilómetros cuadrados. Asimismo, se asegura que no alterará  mayormente las condiciones de vida de las tribus autóctonas de la región. El presidente Luiz Inácio (Lula) Da Silva se ha jugado a favor de esta nueva represa, pese a estar en un año electoral. La oposición de líderes indígenas y otros movimientos ambientalistas sigue siendo muy fuerte, pero es casi seguro que no retrasarán el cronograma de trabajo de la inmensa obra que empleará a casi 20.000 personas y generará unos 80.000 trabajos indirectos. Esto ya causa temor entre la escasa población local, a lo que habrá que agregar la inmigración que vendrá y que los especialistas calculan será de aproximadamente 100.000 personas, duplicando la población actual de los pueblos circundantes a la usina. Evidentemente habrá un gran cambio cualitativo pero de naturaleza controvertida. Por otro lado, se teme por los cambios en el río Xingu, los que  se afirma alterarían gravemente la vida de peces y otras especies.

Sin Belo Monte, el Brasil –como afirman los especialistas-  se vería forzado a construir plantas nucleares o térmicas. El gobierno federal ha optado por el uso de su recurso más abundante –el agua- más allá de la controversia y de los problemas que vendrán. El proyecto marcha y marchará. Brasil está en un impresionante proceso de crecimiento y los daños que pueda ocasionar Belo Monte habrá que ponderarlos frente a los beneficios de seguir impulsando ese crecimiento y crear nuevos empleos.

Brasil avanza imparable y Belo Monte se suma a su raudo caminar, aunque acumulando problemas. Veremos qué pasará más adelante con este  nuevo proyecto hidroeléctrico, el que se agrega a las dos represas sobre el Madera, sobre las cuales ya opiné en anterior ocasión por que afectarán a Bolivia aguas abajo. Ambas se encuentran ahora en avanzada fase de concreción.


Publicado en fecha: 9 de julio de 2010
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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