BRASIL: ELECCIONES PRESIDENCIALES Y NARCOTRÁFICO

En octubre se realizarán elecciones presidenciales en Brasil. Dos candidatos se perfilan: José Serra, ex Alcalde y Gobernador de San Pablo y la oficialista Dilma Rousseff, apoyada por el actual mandatario Luiz Inácio (Lula) Da Silva. Al principio las encuestas favorecieron a Serra y ahora sucede lo contrario. Rousseff, apoyada en la popularidad de Lula y con su nuevo “look” -luego de varias cirugías plásticas-, aumenta su ventaja; tal vez gane sin necesidad de una segunda vuelta. La importancia que tiene para Bolivia el proceso político de nuestro gigantesco vecino es muy grande. Con Brasil tenemos una frontera de más de 3.000 kilómetros de extensión y es principal comprador de gas, amén de otro conjunto de temas bilaterales que nos vinculan decisivamente. Es una relación fundamental.

Brasil aseguró que seguirá comprando gas boliviano. Confiemos en que ello sea así, pues el convenio vence en 2019. Sin embargo, antes de esa fecha -crucial para Bolivia- el propio Brasil enfrentará dos eventos de magnitud universal: las Olimpiadas y el Mundial de fútbol. Con tal motivo, Brasilia se ha comprometido a combatir con firmeza la delincuencia, el crimen organizado y las redes de narcotraficantes.

Un asunto de candente actualidad en los vínculos de Bolivia con Brasil es justamente el concerniente al narcotráfico. Casi con seguridad –gane quien gane- este escabroso tema se agudizará en el futuro próximo. El propio presidente Evo Morales –en su mensaje del pasado 6 de agosto- reconoció que las organizaciones criminales relacionadas al narcotráfico están mejor dotadas que las fuerzas del orden del país.“Con la Policía y con la participación de las Fuerzas Armadas tratamos de hacer todos los esfuerzos, pero siento que el narcotráfico está más equipado que el Estado Plurinacional”, afirmó.

Se ha comprobado que más del 59% de la cocaína incautada en Brasil es de origen boliviano. La ausencia visible  en Bolivia de la DEA  y de otros organismos internacionales de control crea mayor incertidumbre inclusive entre las naciones limítrofes. Recordemos  que Sebastián Piñera le pidió a Evo vigilar la frontera con Chile para evitar mayor ingreso de estupefacientes. El Gobierno argentino -pese a que también su población está afectada por los crecientes flujos de droga proveniente de Bolivia- no dice nada por simpatías políticas y para no molestar al electorado  de origen boliviano que votará en su próxima elección, el que mayoritariamente  apoya a  Evo Morales. Por su lado, la Iglesia Católica advirtió que Bolivia se encuentra amenazada por el crecimiento del narcotráfico.

Serra ha acusado directamente al gobierno boliviano de ser "cómplice" de los narcotraficantes. El siempre objetivo periodista Oscar Peña Franco escribió:“si los narcotraficantes que operan en Bolivia pueden darse el lujo de contratar guardaespaldas serbios… quiere decir que les va bien en el vil negocio. Están en auge…”.

La fiebre  estatista de la  actual administración boliviana por nacionalizar y crear empresas está agotando recursos del Estado que bien podrían ser utilizados en la lucha contra el narcotráfico en lugar de seguir acaparando espacios que perfectamente los cubre la empresa privada.  La preocupación  nacional e internacional crece por la mayor cantidad de narcóticos encontrados.

 Toda esta alarmante situación será sin duda objeto de tratamiento especial por parte del futuro gobierno brasileño, el que no podrá evadirse de la simultánea presión al respecto de su propia ciudadanía y de los compromisos internacionales  que ha asumido. Es la  cruda realidad.


Publicado en fecha: 3 de septiembre de 2010
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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