BICENTENARIO LIBERTARIO EN BUENOS AIRES

Al crear el Rey de España en 1776 el Virreinato del Río de la Plata con sede en Buenos Aires, esa decisión geopolítica alteró el eje de gravedad del Cono Sur. Ya no era Lima el epicentro. Ahora la influencia se extendía desde el sur hacia el gran hinterland sudamericano, incluida la Audiencia de Charcas. Se contuvo el avance lusitano en la región y se gestó  paralelamente un nuevo centro de poder con los territorios de lo que ahora son Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia.

Como expresé el año pasado al rememorar el bicentenario chuquisaqueño del 25 de mayo de 1809, desde la Universidad de San Francisco Xavier fermentaron ideas  que luego serían puestas en práctica, primero en La Plata y exactamente un año después en Buenos Aires. Esos hombres ilustres se empaparon de los conceptos de libertad, igualdad y fraternidad que propalaba la Revolución Francesa. Tomaron nota también de lo sucedido  antes en el hemisferio norte, donde 13 pequeñas colonias inglesas declararon su independencia el 4 de julio de 1776 con el  nombre de Estados Unidos de América.

Personalidades como Paso, Monteagudo, Moreno y Castelli,  transportaron la idea libertaria hasta la ciudad de Buenos Aires, donde poco tiempo atrás se habían repelido exitosamente dos invasiones del imperio británico. Desde esos cruciales eventos Buenos Aires bullía políticamente, sobre todo en función de la toma por Napoleón de la península ibérica y la  consiguiente defenestración del heredero legítimo de la corona española, Fernando VII. La pujanza demostrada frente a los ingleses cuando éstos pretendieron ocupar Buenos Aires, mostró a los porteños que  ellos podían ser libres y vivir sin tutelas foráneas. Fue así como se produjeron el 25 de mayo de 1810 los trascendentales hechos  que ese día crearon embrionariamente a la Nación Argentina.

Como recordó el historiador Ramiro Prudencio, la Junta presidida por el potosino Cornelio Saavedra fue el único gobierno que se mantuvo independiente en Hispanoamérica. Los realistas nunca pudieron recuperar Buenos Aires. Por el contrario, la Junta  y sus sucesores se preocuparon de enviar tropas para liberar a toda la extensión virreinal. Desde allí partieron varios ejércitos hacia lo que ahora es Bolivia. Luego, José de San Martín cruzó los Andes para liberar a Chile y Perú.

Hasta la independencia final del continente pasaron largos años. Con  la sumatoria de los éxitos sanmartinianos y bolivarianos en Chacabuco, Maipú, Riobamba, Junín y Ayacucho, recién en 1825 se pudo consolidar la libertad. El largo dominio español concluyó, quedando relegado  -hasta 1899-  solamente a Cuba, Puerto Rico y algunas dependencias del Caribe. Comenzaba una nueva era con las flamantes naciones de Sudamérica. El coloniaje impuesto por España mediante una férrea centralización (vía la Casa de Contratación) y la escasa vinculación entre sí, provocó que estas nuevas repúblicas marcharan cada una por su lado. Lo ideal hubiera sido proseguir la senda de unidad trazada e impulsada por Simón Bolívar y José de San Martín. La historia lamentablemente se escribió diferente. Cada país buscó su propio lugar bajo el sol, no faltando guerras civiles y enfrentamientos fratricidas. Pero pasó el tiempo y el espíritu de unidad –siempre latente- volvió a florecer. América Latina está retomando actualmente ese sendero mediante múltiples mecanismos integracionistas, agregando como vital complemento al proceso, la importante consolidación de la institucionalidad democrática y de las libertades individuales.

Gloria a los Próceres de Mayo y a la hermana Argentina en el bicentenario de su magno aniversario patrio.


Publicado en fecha: 21 de mayo de 2010
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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