AUGE ARMAMENTISTA EN LATINOAMÉRICA

Reiteradamente se ha dicho  -en sentido figurado- que la pluma es más poderosa que la espada, en alusión directa al predominio de lo intelectual sobre la fuerza bruta. Empero, la historia nos da una versión diferente. Casi siempre la violencia ha prevalecido en las relaciones entre pueblos, sobre todo una vez traspasado el umbral del diálogo para seguir la  lúgubre lógica de la escalada  que conduce al conflicto o también, cuando se ha tratado de ofensivas para conquistar.

Aún en épocas de paz global, siempre se tiene una miríada de guerras localizadas por doquier, tal como sucede ahora. Asimismo, las naciones se arman y/o modernizan equipos en forma permanente, generando ingentes gastos en sus presupuestos y pingües ganancias para los países vendedores de armas e intermediarios de estas tenebrosas negociaciones. No en vano el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres, publica su “balance militar” y otros tipos de datos comparativos con respecto al desarrollo bélico en el mundo (www.iiss.org/publications/).

Al final el dilema -en materia de opciones para cada estado-, es el mismo que planteaba en su famoso libro de texto el gran economista recientemente fallecido Paul Samuelson: se trata de decidir qué es mejor o más conveniente, cañones o mantequilla. En otras palabras: comida y bienes para el pueblo o armas para la destrucción y la defensa.

Cuando los recursos son abundantes, la “dieta” puede ser balanceada; cuando son escasos, lo racional empujará a la dirigencia hacia la mantequilla. Darle de comer al pueblo es imprescindible, salvo que se trate de una emergencia absoluta por invasión o ataque enemigo. Bajo condiciones normales y con poca plata, elegir mantequilla es lo inteligente.

Pero no, aunque parezca mentira, esto no siempre ocurre. Aún en países sin amenaza directa de ser invadidos o conquistados, la carrera armamentista prevalece sobre la necesidad de educar y de dar de comer. Sea por quedar bien con un factor tradicional de poder en la región –los militares- o por vanidad y rivalidades, varios estados latinoamericanos han gastado en los últimos años ingentes sumas en armamentos. Las compras más bulladas últimamente son las de Brasil a Francia, Venezuela a Rusia y Chile a Estados Unidos y Gran Bretaña. Hasta Bolivia inquietó al Paraguay con sus intenciones de adquirir nuevo material bélico, lo que según Asunción “podría romper el balance estratégico en el Chaco”.

Dejando de lado elementales necesidades de reposición y modernización, como también tareas básicas de seguridad contra terroristas, narcotraficantes, contrabandistas y la esencial  defensa de la soberanía, es un hecho que los gastos latinoamericanos en material bélico crecen y crecen alarmantemente. Además, crecen en un contexto de relativa pobreza y marginalidad y sin peligros externos inminentes, lo que demuestra la irracionalidad del gasto en armas frente a la carencia de medios para satisfacer otras urgentes necesidades básicas de la población latinoamericana.

Tras las pérdidas territoriales del pasado, el Brasil en forma directa y la comunidad internacional en forma indirecta, garantizan la integridad territorial boliviana. ¿Para qué  entonces gastar tanto en armas si no hay suficientes escuelas ni hospitales y lo poco existente padece de gigantescas deficiencias por falta de elementos? Mantequilla es lo que hace falta aquí y ahora, no cañones.


Publicado en fecha: 19 de febrero de 2010
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.

 

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