ALEMANIA Y LA CRISIS DEL EURO

El “euro” (€) es la moneda oficial de la Unión Europea (UE). Sobre 27 miembros de la UE, 16  lo usan como medio general de cambio en la llamada eurozona. El euro nació en 1995; billetes y monedas entraron a circular desde 2002. 

El euro acapara ahora un importante número de transacciones mundiales y ya es reserva internacional junto con el dólar estadounidense. Actualmente, esta divisa atraviesa un momento complicado.

Luego de la Segunda Guerra Mundial -con el empuje de su vertiginosa recuperación y posterior reunificación- Alemania pasó a ser preponderante como locomotora productiva de la mano de su poderosa moneda, el marco. Bajo la sombrilla de la UE y en el marco de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Alemania terminó ganando mercados en forma más eficiente que cuando  en el pasado intentó conquistas militares. Al integrarse la economía germana en un ámbito mayor –la Europa integrada- se dieron pasos fundamentales que derivaron en la creación del euro.

Diversos analistas  vieron el futuro del euro con enorme optimismo mientras otros, de partida, señalaron sus limitaciones. Se pensó que la integración continental y el flujo comercial serían mucho más sólidos con una moneda única. Por  otro lado, los vaticinios negativos apuntaron al hecho limitante de la mezcla de economías fuertes con economías más endebles plagadas de problemas estructurales, como son los casos de España, Portugal y Grecia. Esta última, como es sabido, enfrenta ahora una grave situación, mientras en Lisboa y en Madrid las autoridades luchan también contra un fuerte déficit fiscal que ha superado la cota máxima dispuesta por el Banco Central Europeo.

No es igual tener economías consolidadas y economías emergentes bajo la égida de un solo poder monetario. A la larga habría problemas y ellos se han presentado. La reciente crisis financiera mundial solamente los aceleró hasta casi hacerlos insostenibles, sobre todo en los países europeos menos desarrollados.

Alemania no está conforme con esta situación e inclusive amenazó recientemente a los estados con problemas expresando que éstos deberían abandonar el euro y dedicarse a solucionar sus actuales déficits fiscales. Legalmente no creo que sea posible “expulsar” a un miembro de la zona monetaria común, pero la amenaza está lanzada. Para Atenas, particularmente, el ajuste será muy duro y con el peligro de graves explosiones sociales. Euro o no euro, será el inminente dilema griego.

Que la advertencia haya partido desde Berlín no es casual. La economía más fuerte del continente siente los efectos de la crisis en su propio seno y ella puede transformarse en algo intolerable si las otros miembros de la eurozona no ponen la casa en orden. Nadie lo dice, pero la verdad  a gritos es que Alemania manda hoy en la UE, al menos en  materia económica.

El euro fue un enorme paso cualitativo en el campo de la integración. Tuvo un trasfondo geopolítico subyacente (jamás admitido explícitamente) mediante el cual se ató el destino alemán al de Europa con el ánimo de contener potenciales futuras agresiones germanas. Ahora la cosa es al revés: por la solidez de su industria, la nación germana será quien defina el futuro inmediato del euro. Todo es posible, pero una cosa sí es segura: el euro atraviesa una difícil coyuntura. De remontarse la crisis, el euro se fortalecerá bajo pautas dadas por los alemanes. Caso contrario, la moneda podría sucumbir ante el peso de las disparidades creadas  en la eurozona y cada país seguirá con lo suyo.


Publicado en fecha: 16 de abril de 2010
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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