AGUA Y FALTA DE AGUA, EL CASO BRASILEÑO

Al margen de las  penosas inundaciones que han causado muerte y destrucción en las últimas semanas, el Brasil deberá invertir por lo menos 22.000 millones de dólares en protección y descontaminación de manantiales, como en desagües y alcantarillados, si es que quiere asegurar un adecuado abastecimiento  hídrico para su población hasta el año 2025. Solamente la zona conurbana del llamado Gran San Pablo deberá  afrontar gastos en  esa materia por un monto superior a los $Hus 2.500 millones durante los próximos seis años. En esa región –la más poblada, industrializada y densa del Brasil-, la disponibilidad de agua es ligeramente superior a los 200 metros cúbicos por habitante, menos del 10% del índice de referencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS). A todo esto, los costos crecen y el agua viene de zonas  cada vez más distantes. Con sus propias especificidades, problemas de similar gravedad ocurren en otras áreas del país.

Conviene recordar que Brasil tiene abundante agua. Posee el 78% del acuífero guaraní, el depósito subterráneo de agua dulce más grande del orbe. Asimismo, las cuencas del Amazonas, del Plata y de San Francisco proveen ingentes recursos hídricos. Sumemos lagos y lluvias para llegar al alto porcentaje de agua dulce brasileña: el 13% del planeta. Con semejante dotación de este recurso natural renovable, las autoridades de Brasilia no deberían tener ningún problema para satisfacer con creces las necesidades de una población que ya se acerca a los 200 millones de habitantes.

Recordemos además que en la frontera entre Brasil y Paraguay –sobre el río Paraná- se encuentra ubicada la gigantesca represa de Itaipú y que en el resto del territorio brasileño existen aproximadamente 700 represas  en funcionamiento y varias en construcción.  La energía hidroeléctrica provee el 27% de las necesidades energéticas del Brasil. Y sin embargo, por lo sumariamente visto al iniciar este comentario, la situación en materia de agua de nuestros amigos cariocas es calamitosa.

Esto nos lleva una vez más –como ya lo señalé en algunos encuentros internacionales sobre el tema agua- al campo de la administración. Es el manejo del agua lo que ha fallado y falla, no la falta del líquido elemento. Sin una adecuada administración del recurso hídrico, siempre habrán necesidades insatisfechas y problemas latentes.
Si el Brasil se encuentra favorecido con la gran dotación de agua que tiene, Sudamérica en general también tiene ese dato a su favor. Nuestro subcontinente alberga el 28% de las reservas de agua del mundo con tan sólo el 6% de la población.

El tema por otro lado  es universal. Casi 3.000 millones de personas en el mundo carecen de servicios básicos vinculados con el agua o consumen agua contaminada que genera pestes e innumerables  epidemias. Según la  OMS, un 70% del agua consumida se destina a la agricultura, 20% a la industria y un 10% a los hogares. En el futuro -como producto del mal uso y del cambio climático- lo más probable es que la oferta global de agua disminuya en un 20% si no se ejercen acciones puntuales. Una buena administración hídrica es la clave del asunto. No hay escasez sino derroche, mal uso, descuido y falta de previsión. El problema brasileño  con el agua es común para Latinoamérica. Debería preocupar a todos los gobiernos de la región.


Publicado en fecha: 15 de enero de 2010
Escrito por: Agustín Saavedra Weise.


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