EL VOTO IRLANDÉS Y LA UNIÓN EUROPEA

Cuando en Francia y Holanda fracasó  el año 2005 la ratificación por voto popular de la nueva Constitución de la Unión Europea (UE), se ideó un mecanismo alternativo mediante el llamado Tratado de Lisboa, por haber sido firmado en esa ciudad portuguesa.  Según datos públicos, el nuevo texto proporcionaría a la UE el marco jurídico y los instrumentos necesarios para hacer frente a los retos del futuro y dar respuesta a las exigencias ciudadanas. Entiéndanse por retos del futuro, la necesidad de hacer de la UE una institución mucho más eficaz, democrática y transparente para tomar decisiones tras llegar a 27 los estados miembros en lugar de 15 (http://eur-lex.europa.eu/).

El tratado debe ser aprobado por el conjunto de esos 27 países para poder aplicarse, aunque sólo los irlandeses estaban obligados constitucionalmente a celebrar un referéndum. En 2008 ese voto fue desfavorable y creó una grave crisis continental. Ahora y con la victoria “europeísta” en Dublín, se abren nuevas ventanas de optimismo  para toda la UE.

Cabe acotar que luego de Irlanda quedan Polonia y República Checa, quienes deben finalizar ahora el proceso de ratificación de este tratado. Pero si las cosas se demoran, surge el fantasma del viejo león inglés, siempre tradicionalmente reacio a compartir con agrado estas uniones continentales. El próximo año es posible que los conservadores logren mayoría parlamentaria para formar gobierno en Londres y si ello es así, el tema europeo se pondrá muy difícil. El líder del partido conservador, David Cameron, ha prometido someter el texto del Tratado de Lisboa  a una consulta popular y expresó abiertamente su oposición al mismo. Los medios informaron hace poco que  Cameron reiteró una vez más su intención de seguir luchando contra ese acuerdo. "Organizaremos un referéndum y le pediré al pueblo británico que vote por el no contra este tratado", expresó explícitamente.

Por el costado de Varsovia y de Praga no todo está claro aún. La crisis financiera mundial ha golpeado duro a muchos países de la UE que antes tuvieron un inusitado auge por medio de inyecciones masivas de capitales e inversiones, justamente provenientes de la generosidad de la UE que administró estos movimientos de capitales con miras a intentar “uniformar” los niveles de crecimiento de sus nuevos miembros. El proceso fue muy exitoso en España y Portugal  primero y luego en los otros países que posteriormente se adhirieron a la UE, pero con la llegada de la crisis económica cundió el pánico y creció la desconfianza. Asimismo, se aceleraron algunas deficiencias o desencuentros que el auge mantuvo en sombras por un buen tiempo. Madrid tiene hoy la mayor tasa de desempleo abierto, mientras Irlanda, Polonia y República Checa no le van mucho en zaga. Los países bálticos atraviesan una profunda recesión y así sucesivamente, el mapa de la recuperación aun no se  pinta con colores optimistas. Es natural entonces que las posibles ratificaciones a lo pactado en Lisboa sean puestas en duda o tengan fuertes opositores entre polacos y checos, ahora las “llaves finales” de la puesta en vigencia del acuerdo.

El voto irlandés de la semana pasada puede llegar a ser decisivo por haber inclinado la balanza. Si polacos y checos finalmente ratifican el Tratado de Lisboa antes de las elecciones británicas, es probable que el proceso siga su curso tal como lo planificaron los burócratas de Bruselas, capital de la UE. Caso contrario, la UE podrá entrar en una especie de parálisis institucional. Irlanda fue vital sí, pero no definió por completo el futuro de la UE. Veremos qué pasará en los próximos meses.


Publicado en fecha:
9 de octubre de 2009
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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