SUPREMACÍA DEL ESPACIO

Las variables sociales que rigen la conducta humana son múltiples y dinámicas. Contrariamente, el escenario donde  dichas variables actúan –el espacio- es fijo e inmutable. El espacio geográfico está siempre ahí, como mudo escenario imperturbable y con su enorme influencia. Sir Halford Mackinder  consideró que lo geográfico definía una parte importante de las acciones del hombre al permanecer invariable mientras todo lo demás podía alterarse. El general Karl Haushoffer solía decir “el espacio rige a la humanidad”. Ninguno de ellos, empero, era partidario del determinismo geográfico.

Ambos eran conscientes de que el medio ambiente era modificable. En este Siglo XXI, el aporte de la tecnología nos permite horadar montañas para hacer túneles o construir gigantescas represas u obras de diversa naturaleza que alteran el ámbito en el que vivimos. Pero aún con los adelantos de la era presente –que han acarreado progreso y también graves desastres ecológicos-  eso toma su tiempo. En lo inmediato y en lapsos breves, el espacio geográfico queda tal como es, con sus influencias, sus ventajas y sus desventajas. Asimismo, ese espacio ha moldeado algún tipo de carácter particular en el pueblo que lo habita. Vale la pena recordar las diferencias de costumbres, hábitos y usanzas entre los hombres de las estepas y llanuras frente a los hombres cercanos al mar o radicados en montañas, valles y altiplanicies, climas fríos, cálidos, templados, etc. 

Cada uno de esos lugares provee visiones y vivencias  diferenciadas o pautas de conducta disímiles entre grupos humanos, inclusive entre los de la misma raza o tronco común que se radicaron en espacios distintos.  El territorio forja el carácter y la idiosincrasia particular de cada pueblo. Forja, asimismo, condiciones particulares de subordinación y de mando en la organización jerárquica de cada sociedad específica y para determinada localización espacial.

Estos razonamientos geopolíticos elementales, estos vínculos entre el asentamiento geográfico y las condiciones de poder o de dominación, no son ni anticuados ni pasados de moda. Con los naturales resguardos para evitar caer en exageraciones o dogmas, el tema del espacio tiene plena vigencia. Cuando se dice  algo –como se estila ahora en Bolivia- acerca de “pueblos, lucha y territorio” o de “organización territorial”, es evidente que existe una pauta geopolítica implícita en todos esos procesos. Se trata de  asegurar primero la ocupación y, luego, el dominio efectivo de “x” porción de espacio geográfico a favor de unos y en desmedro de otros, o con miras a crear una nueva situación de formación social a futuro.

El espacio geográfico es absolutamente imprescindible en la vida de los conglomerados sociales  y en lo individual. Necesitamos espacio para nuestra  cueva, choza o casa. Necesitamos  espacio para dormir, para comer, trabajar, ejercer nuestras actividades o para criar a nuestras familias. Si se trata de sembrar, edificar o industrializar, para cualquiera de esas actividades (u otras) se requiere un lugar, un espacio disponible.

Todo puede modificarse y la historia así lo ha demostrado. Todo puede cambiar en los amplios campos de la política nacional o mundial, pero el espacio sigue ahí y seguirá; es una magnitud fija que acomoda todos los procesos, magnitud única e invariable a corto plazo.  El espacio se encuentra listo para ser usado, ocupado, dominado, conquistado, dilapidado, modificado o –simplemente- tal vez perdido para siempre por un pueblo que no supo defender su porción de territorio ante la invasión de otro. Sin espacio no hay nada.


Publicado en fecha: 6 de febrero de 2009
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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