OTRA OPORTUNIDAD PARA BOLIVIA CON EL LITIO

A principios de la década de los 90 del siglo pasado, luego de una serie de demagógicas y estériles discusiones, los potenciales inversores internacionales interesados en el litio boliviano se cansaron de tanto manoseo y se mandaron a mudar. Específicamente, se fueron a la provincia argentina de Jujuy y a Chile. Creo que aún siguen ahí.

Como ha sido destacado últimamente, el litio –material liviano y usado para la industria aeroespacial-  es un metal que está pasando en la actualidad por un auge inusitado de demanda ante la posibilidad concreta de construir con ese metal baterías de alta calidad para autos ecológicos eléctricos. Bolivia tiene casi la mitad de las reservas mundiales de litio. Es por eso que nuevamente coquetean con nuestros gobernantes varias poderosas multinacionales de la industria automotriz.

El litio está esencialmente localizado en la zona de los salares de Uyuni, un lugar exótico y que atrae al turismo de aventura, pero que forma parte de una zona muy deprimida. Esa región -Potosí en general- merece con creces la generación de regalías provenientes de mecanismos inductores de inversiones, empleo y crecimiento.

El litio parece ser ahora la gran nueva oportunidad. Espero que así lo sea. Bolivia en sus frustradas negociaciones con el escurridizo Chile ha perdido muchas oportunidades, tal como lo escribió y comentó en su época Don Walter Montenegro. Hoy en día, los besos y abrazos entre Evo Morales y Michelle Bachelet parecen conducirnos –más allá del almíbar formal- a una nueva frustración. En el campo de las inversiones, se puede hacer otro libro con la enorme cantidad de oportunidades perdidas hasta ahora para el país. Cabe esperar que el litio cambie la historia, pues ya bastante terreno  -en materia de inversiones- hemos perdido en los últimos años en el vital campo energético.

Me parece bien que se le pongan condiciones a los interesados en el litio y en que se trate de exportar el metal con la mayor cantidad de valor agregado, pero hay que ser prudentes en las demandas. Si el gobierno impone condiciones exorbitantes, los inversores nos dirán “hasta la vista baby” y se volverán a ir. “Hacerse los lindos” tiene, pues un límite.  No debemos olvidar que grandes como son las reservas bolivianas, hay también mucho litio en el Tíbet, en el norte argentino y en Chile, por citar algunos lugares que estarían felices de recibir inversores y les brindarían toda clase de seguridades. Por tanto, hay cotas de negociación que confío se sepan  mantener, para llegar así a entendimientos constructivos que sean de largo aliento y positivos tanto para el país como para los inversores externos.

Las baterías para los autos eléctricos son de mucho mejor calidad al tener litio en lugar de níquel. El mercado potencial es inmenso, ya que hay consciencia universal acerca del calentamiento global ocasionado por el uso de material fósil como combustible. Autos eléctricos y no a gasolina son el futuro, por lo menos por ahora y hasta que un nuevo cambio tecnológico salga al frente. Y esto del cambio tecnológico –cada vez más dinámico- debe prender otro timbre de alarma: si Bolivia no se apresura a cerrar negocios efectivos y duraderos con el tema litio, a lo mejor  en el futuro inmediato una nueva tecnología reemplaza intempestivamente al litio y su demanda podría caer abruptamente. Aprovechemos la oportunidad ¡Ya!  Dios quiera que por lo menos en algo  -para la Bolivia del porvenir- se construya ahora un presente distinto al pasado, plagado de oportunidades perdidas. El litio brinda una nueva chance. Ojalá sea bien aprovechada.


Publicado en fecha: 3 de abril de 2009
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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