EL ETERNO RETORNO DE LA GEOGRAFÍA

Como todos sabemos, la geografía estudia la superficie terrestre. Un adecuado conocimiento de esta disciplina es elemental para cualquier tipo de emprendimientos civiles o militares. Muchos -al llegar este tercer milenio- desdeñaron a la geografía como algo “fuera de moda”, “un factor innecesario en la era globalizada y que sólo sirve como dato”. Los hechos de la actualidad prueban lo contrario; la geografía sigue vigente y se toma su revancha.

El gran geógrafo inglés Sir Halford John Mackinder, señaló certeramente -en su célebre alocución de 1904 sobre el pivote geográfico de la historia- que “si bien el hombre inicia las acciones y no lo hace la naturaleza, es ésta la que en gran medida controla”.  Mackinder definía así algo totalmente válido en el corto plazo y que muchos tienden a olvidar: la primacía de la geografía –y de los límites que ella impone- frente al cúmulo de acciones humanas que se tomen en  “x” momento.

Como lo he explicado en varias notas anteriores, en este tercer milenio permanecen vigentes aún muchas de las ideas de Mackinder en torno al concepto de “heartland” (corazón terrestre o núcleo vital) juntamente con otros  interesantes aspectos de su concepción universal en torno a la enorme masa euroasiática, como también persisten peligros de confrontaciones y las eternas rivalidades entre potencias marítimas y potencias terrestres. La dimensión aérea que trajo el pasado Siglo XX no ha cambiado estas cosas; más bien las ha acentuado. Basta ver el creciente uso de aeronaves que despegan desde gigantescos portaaviones, verdaderas plataformas de combate estacionadas estratégicamente en los siete mares. Agréguense los misiles y submarinos nucleares. La vieja rivalidad tierra-océano persiste; ambas modalidades usan a la aeronáutica y a la estratosfera como vital complemento. Contra la esperanza de sus precursores, el poder aéreo no ha sido determinante. En Vietnam Estados Unidos tuvo todo el tiempo el dominio del aire e igual fue derrotado.

A largo plazo, obviamente la moderna tecnología puede superar barreras naturales modificando el espacio circundante. En lo inmediato eso es imposible, la geografía manda. El escenario natural achica o ensancha las perspectivas de la acción humana y condiciona las propias decisiones políticas. Esto no es determinismo sino simple realidad.

No en vano están surgiendo como hongos nuevas apreciaciones de la otrora denostada geopolítica. La relación entre poder político y asentamiento geográfico, la manera en que se encaran acciones y se ejercen políticas sobre la base de aspectos geográficos, ha retomado plena vigencia. Crisis recurrentes en zonas conflictivas del globo, la geopolítica virtual de la red informática, los problemas financieros del presente, hambrunas, pestes, pandemias, oferta y demanda de alimentos, en fin, eso y mucho más, tiene al final como punto de partida y punto de llegada el espacio finito del planeta. Hay excursiones al espacio exterior, pero por ahora son solamente eso. El ser humano sigue clavado a la tierra con sus aguas marinas, fluviales y lacustres.

El espacio geográfico retoma inusitada vigencia. Los estadistas deberán acercarse más a los mapas y escudriñarlos debidamente. En el escenario internacional se impone  la vieja geografía  como parte del instrumental básico de todo estado organizado para vincularse adecuadamente con el resto del mundo. En lo interno, el análisis espacial impone pautas de integración nacional y las refuerza o disminuye; depende de cómo se tomen las decisiones. En definitiva, somos testigos del eterno retorno de la geografía.


Publicado en fecha: 5 de junio de 2009
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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