EPIDEMIAS, PANDEMIAS Y ACCIONES HUMANAS

            Epidemia es aquella enfermedad propagada en un país durante cierto tiempo. Es algo temporal y distinto de la endemia, enfermedad que afecta a una zona determinada en fechas determinadas, tal como sucede acá con el dengue. Finalmente, pandemia es la enfermedad que se extiende a muchos países. El prefijo “pan” significa 'totalidad'.
El mundo cada tanto vive atemorizado por eventuales pandemias. La Organización Mundial de la Salud (OMS)  tiene sus niveles de alerta que van desde el uno hasta el seis, ya éste de naturaleza catastrófica.

Aunque participan muchos factores, en gran medida el propio ser humano es quien causa los desastres. Recordemos el caso de las “vacas locas”, producido por darle alimentos inadecuados a ese herbívoro. Cientos de miles de bovinos fueron cruelmente incinerados y desaprovechados para la alimentación u otros usos. Pasó el tiempo y apareció la influenza aviar o gripe del pollo, nuevamente por falta de cuidado de la gente a cargo en algunos criaderos. Más de 300 millones de aves de todo tipo tuvieron que ser sacrificadas para evitar la propagación de la enfermedad.

Últimamente y con la alarma creada en torno a la gripe porcina (ahora denominada AH1N1) proveniente de México –originada allí por negligencia humana al no vacunar algunos hatos de cerdos-, son los pobres chanchitos quienes pagan los platos rotos. En Egipto ya se sacrificaron a todos los puercos existentes y en otras partes los están destruyendo inútilmente. El hombre expía –sin piedad- mediante la matanza de estos inocentes animales sus propias culpas.

Aunque es mejor prevenir que curar, no dejó de llamar la atención lo desmesurado de las medidas contra esta última amenaza de pandemia. Sobre una población mundial de siete mil millones de almas, los casos  de gripe porcina fueron (son) insignificantes a lo largo del planeta en términos porcentuales.  Por otro lado, La OMS ha indicado que existe la posibilidad de que nada menos que un tercio de la población del mundo pueda infectarse. Esto podría explicar algunos excesos dignos de un estudio sociológico globalizado. Puede ser y no;  al final, es mejor prevenir que curar.

En el pasado la humanidad atravesó -por su propia culpa- muchas plagas y calamidades de salud. En la Europa de la edad media, fanáticos religiosos acusaron a los  inocentes gatos de  ser “diabólicos” y casi los exterminan. Resultado: murieron millones de seres contagiados por roedores durante la epidemia de peste bubónica, pues las ratas proliferaron ante la desaparición de su depredador natural. A fines de la década de los 60 del siglo pasado, en nuestra Bolivia hubo una epidemia de peste hemorrágica en algunas zonas del Beni, motivada también por la matanza indiscriminada de gatos salvajes. Se le dio solución enviando aviones cargados de gatos al lugar afectado. Los nobles felinos contuvieron la crisis con su implacable cacería de ratones y se acabó el problema.

Moraleja: el equilibrio natural es verdadero e irrefutable. Todo tiene una razón de existir. Si quito algo, creo un desequilibrio. El hombre debe examinar continuamente sus propias acciones en el campo de sus vínculos con animales y medio ambiente. Se probará que somos mayoritariamente culpables de  las anomalías.

Tuvimos antes -y tenemos en el presente aún- una larga cuota de potenciales pandemias: diversas pestes, cólera, tifus, el SIDA, malaria, fiebre amarilla, viruela, etc. Es por eso que el alerta continuo se impone ante posibles brotes que pueden expandirse rápidamente por la fluidez de las comunicaciones y por la concentración humana en grandes ciudades. Debemos cuidar y prevenir, pero sin caer en exageraciones universales.


Publicado en fecha:
8 de mayo de 2009
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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