EL TIEMPO, ENTRE LO QUE FUE Y LO QUE VIENE

El Papa Gregorio XIII (1502-1585) estableció  desde Roma y en 1582 el calendario de Occidente. El de la Iglesia ortodoxa rusa es ligeramente distinto (alrededor de tres semanas de diferencia). Sin entrar en detalles -ni cifras en años- son mucho más diferentes los calendarios musulmán, hebreo, chino e hindú, por citar solamente unos cuantos de los diseminados en el mundo según tradiciones y religiones.

El esquema gregoriano insertó dos meses extras (julio y agosto) en homenaje a Julio César y a su hijo adoptivo Augusto y formó así un calendario de doce meses. Por otro lado, el Papa Gregorio incluyó el ajuste de un día cada cuatro años para el mes más corto -febrero- generando así cada cuatro años un año bisiesto de 366 días con el agregado del 29 de febrero. Por estar demasiado acendrados en la mente europea, los nombres originales de los meses del antiguo calendario del imperio romano fueron mantenidos. Así llegamos a la paradoja de que septiembre, octubre, noviembre y diciembre, no quieren decir otra cosa que séptimo, octavo, noveno y décimo mes, aunque  desde 1582 representan los meses noveno, décimo, décimo primero y décimo segundo del actual calendario.

Veamos ahora los nombres de los meses, algo que cualquiera puede extraer de Internet. Enero viene de Janus, guardián de los accesos romanos; Febrero por Februa, la diosa de la purificación; marzo por Marte, el dios de la guerra; abril por Apru, la deidad etrusca del amor; mayo por Maia, la hija mayor de Atlas; Junio por Juno, la esposa de Júpiter. Julio y agosto ya  los mencioné antes.

            El ídolo de Janus adornaba la entrada a Roma y tenía dos caras. Se decía que una de ellas miraba al pasado y la otra al futuro. Como custodio de ingresos y salidas,  Janus tenía la peculiaridad de su doble faz y de su doble visión. Este es el origen del primer mes del año -enero-  nombre que en castellano ya no suena tan parecido al original en latín pero sí suena muy similar en portugués (Janeiro), en inglés (January) y  hasta en francés (Janvier), por citar solamente algunas lenguas europeas.

Enero es un mes peculiar. Vivimos todavía con las imágenes del pasado y al mismo tiempo tratamos de vislumbrar el inmediato futuro, el año que se inicia. La simbología es realmente interesante. De alguna manera, vivimos durante este primer mes del año con las imágenes que fueron y simultáneamente tratamos de anticipar las imágenes que vendrán.

Janus nos observará vigilante durante este mes, acompañado de nuestras visiones pretéritas y  de los sueños positivos para el porvenir.

Para concluir, conviene recordar una vez más que el tiempo es convencional y al mismo tiempo es relativo. Convencional, porque al final así lo determina cada civilización sobre bases científicas, culturales, históricas, de costumbres, o una mezcla de estos elementos adecuada a cada pueblo o conjunto de pueblos. Además, el tiempo es relativo y no solamente por la célebre teoría de la relatividad de Einstein, sino por las simples cosas de la vida, las que hacen que valoremos más al tiempo o que roguemos por que éste transcurra rápidamente según la ocasión. Un minuto de tortura puede resultar eterno y un minuto de felicidad se evapora en un instante.

Así es el tiempo amigos lectores y encima de todo, jamás vuelve. Hagamos, por tanto,  siempre algo provechoso del tiempo que nos queda, pues el tiempo pasado no volverá. Todo lo podemos recuperar, menos el tiempo perdido.  Seamos capaces, reitero, de usar útilmente el tiempo que Dios nos ha dado y el que nos seguirá dando mientras contemos con su divina benevolencia.


Publicado en fecha: 9 de enero de 2009
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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