EL FÚTBOL Y SU  ALARMANTE RETRASO TECNOLÓGICO

Antes y después del Mundial del 2006 en Alemania, hice dos notas con referencia al alarmante retraso tecnológico del fútbol. Más que retraso habría que decir “rechazo”, al final de eso se trata. Faltando menos de un año para el próximo Mundial de Sudáfrica, creo oportuno reiterar  conceptos emitidos hace unos años.

Pese a que ya el anterior torneo en tierras germanas produjo un cúmulo de errores de arbitraje, ni la Federación Internacional del Fútbol Asociado (FIFA) ni su brazo ejecutor para reglamentar actualizaciones al juego (“The International Board”), aceptan hasta ahora el ingreso de la tecnología en el balompié, algo que  su pariente -el Rugby Football- hace rato incorporó.

La FIFA y  muchos de sus seguidores siguen repitiendo que “el arbitraje es parte del juego”. Empero y como dije en mi nota del 2006, así como el mundo evoluciona, el balompié no puede quedarse atrás so pretexto del “encanto del juego” y de las “variables inesperadas”. Si hay tecnología para que los resultados sean más justos y las decisiones de los colegiados sean correctas, es aberrante no usarla. Confío en que se haga de aquí a 2010 una campaña al efecto para que el próximo Mundial ingrese en una nueva etapa cualitativa. Nada de esto ha pasado. El fútbol sigue retrasado con respecto a la tecnología y aparentemente así seguirá hasta después de la cita sudafricana.

Es muy simple ponerle un chip a la pelota (a fines de comprobación de su ingreso pleno a la zona de gol o para controlar otras facetas del juego), como también  lo es poner un monitor de TV al lado del cuarto árbitro para certificar y validar (o invalidar) jugadas dudosas. Cuesta creer que hasta el momento cosas tan elementales no se hagan y que la FIFA rechace estos  mínimos avances, los que de ninguna manera desvirtuarían el juego ni lo harían menos vistoso.  Tampoco lo retrasarían demasiado, la tecnología provee resultados casi inmediatos.

El fallecido periodista argentino Dante Panzeri calificó al fútbol como “dinámica de lo impensado”. Y tenía razón. Es y será siempre el deporte más popular, no sólo por su atractivo intrínseco con sus electrizantes jugadas, sino también por ser el más barato de practicar. Un espacio abierto, una pelota (que puede ser de trapo), once con camisa y 11 del otro lado descamisados –si no hay plata para uniformes- bastan para jugar. No hay deporte en el mundo que lo supere en su bajo, casi nulo, costo. El hecho de ser un juego  muy querido tanto por naciones europeas ricas como por las naciones pobres menos desarrolladas, no le quita al fútbol la capacidad de “aggiornarse” con la tecnología del Siglo XXI que está a su alcance.

Al concluir el torneo argentino, dos semanas atrás, el árbitro Brazenas confesó después del partido definitorio sus  graves equivocaciones en los fallos. Uno de esos gruesos errores le costó el campeonato al Club Huracán. Vaya usted amigo lector a decirle a técnico, dirigentes y jugadores  del perdedor -por culpa del árbitro- que “eso es parte del encanto del juego”. Lo sacarán trasquilado… Esas equivocaciones podrían haberse evitado con unos segundos de espera hasta comprobar con medios tecnológicos la veracidad (o no) de la falta cometida.

Seguiré viendo fútbol. Me encanta ese deporte. Pero también seguiré insistiendo en la necesidad de su modernización. No puede ser que este maravilloso juego siga tan atrasado tecnológicamente. Muchas violencias en calles y tribunas, fruto de las pasiones desencadenadas por malos arbitrajes, podrían evitarse si las decisiones fueran comprobadamente acertadas y sin dar lugar a controversias.


Publicado en fecha: 17 de julio de 2009
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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