EJEMPLO  ARGENTINO PARA UNA NUEVA BOLIVIA

Héctor Huergo se refirió recientemente a cambios significativos en la Argentina (“Clarín”,10.01.09).Afirma que el centro de gravedad de la economía se ha trasladado a la zona central. Desde Rosario-Córdoba se irradia una fuerza creciente hacia regiones aledañas con la misma vocación agroindustrial. Según Huergo, ahí está el epicentro de la Segunda Revolución de las Pampas, creadora de ventajas competitivas a fuerza de tecnología e inversión. Ha llegado el tiempo del “soy power”, del poder de la soya, expresa con convicción. Agrega que  la crisis global no hará otra cosa que profundizar el cambio estructural de la geografía productiva argentina. Los abanderados de esta causa, la soya, el maíz, el trigo, se han despegado de los índices financieros y vuelven a mostrarse en alza. Hoy, con un quintal de soya, se puede comprar tres veces más petróleo que hace solamente seis meses. El sector agropecuario aporta el 45% de los ingresos fiscales y representa el 40% de la mano de obra argentina. Cifras impactantes las de Huergo, sin duda.  A ello habría que sumar otros rubros de la cadena agroindustrial, tales como fábricas de  maquinarias agrícolas, agroquímicos, fertilizantes y biodiésel.

A partir de esa gigantesca cadena se producen múltiples efectos internos y miles de millones de dólares en exportaciones por la Hidrovía Paraguay-Paraná. En estas actividades reina la iniciativa privada. Casi nada hizo el Estado: falló en compromisos asumidos y aumentó retenciones e impuestos sin importarle el dinamismo del sector.
Esta nueva Argentina -asegura Huergo- tuvo su bautismo de fuego político el 2008 durante sus choques con la autoridad central y cada vez tallará más fuerte en el escenario del conflicto agro-gobierno, que sigue vigente.

Muy interesante lo expresado por un experto en estos temas. Refleja un cambio en la geopolítica interior argentina que favorece al "hinterland", al espacio interior, en desmedro del centro tradicional, la Capital Federal y la Provincia de Buenos Aires. Si a ello le agregamos el eje cuyano (petróleo e industria vitivinícola) y las posibilidades energéticas de la Patagonia, estamos de verdad ante una nueva Argentina. Tarde o temprano, esa realidad se transformará en poder político, como ya lo viene haciendo.

Algo similar  se ha dado –y sigue dándose- en Bolivia, con el traslado de su centro de gravedad desde el altiplano hacia valles y llanuras.  Tanto en el caso argentino como con lo sucedido ahora en Bolivia, los esfuerzos exitosos de muchos empresarios fueron la sumatoria de capacidades y riesgos individuales. Poco y nada tuvo o tiene que ver acá el Estado, más “trabador” que facilitador. En todo caso, la tendencia parece irreversible y si a ello se le agrega el elemento energético (gas natural), el futuro parece cada vez más promisorio para la región  centro, este y sudeste del país. El desafío nacional será lograr crear mecanismos de positiva inducción equilibrante para que el altiplano mantenga sustentabilidad y viabilidad. La inteligencia con la que se maneje el aparato estatal, más estímulos en el sector minero, serán allí determinantes.

 Poco a poco se cumple el certero vaticinio de que Santa Cruz de la Sierra será el centro geopolítico  de Bolivia y eje del corazón terrestre sudamericano, como también se cumple la profecía del Siglo XIX de Bartolomé Mitre: “el futuro de Bolivia yace por dónde nace el sol”. Más allá del momento, seguirá la erosión del centralismo debido al crecimiento de la economía del oriente. El camino argentino marca el rumbo futuro de la nueva Bolivia.


Publicado en fecha: 23 de enero de 2009
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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