DIPLOMACIA Y MERCADOS DEL ORIENTE

El diplomático y economista argentino Carlos Fasciolo, ha publicado recientemente en el  CEID (Centro de Estudios Internacionales para el Desarrollo) un muy interesante trabajo titulado “Rumbo a Oriente” (http://www.ceid.edu.ar/biblioteca.html). El mismo marca pautas en torno a un tema crucial para el comercio latinoamericano: el enorme crecimiento de las naciones de Asia, desde la isla-estado de Singapur hasta Kazajstán o las gigantescas China e India.

Tal crecimiento, empero, no está siendo debidamente explotado ni en beneficio del comercio exterior de los países de la región, ni tampoco en función de sus propios intereses permanentes. En torno a esto, Fasciolo se pregunta: ¿Están preparadas nuestras cancillerías para actuar en ese escenario? ¿Se han adecuado sus presupuestos y reasignado sus dotaciones de funcionarios? Agrega que el tema del Oriente es uno de los fenómenos de ascenso económico más vertiginoso de la historia de la humanidad y corremos el riesgo de quedarnos atrás en nuestros vínculos si no los reforzamos de inmediato. Seguidamente expresa: “los hechos están confirmando que el fiel de la balanza del poder se desplaza rápidamente hacia Oriente, mucho más rápido ahora a partir de la crisis financiera, donde el mundo mira a Asia como la última trinchera para detener el avance del descalabro internacional”.

A todo esto, Fasciolo señala que la diplomacia latinoamericana apenas se asoma tímidamente frente a estos grandes potenciales mercados. Incluso  Brasil tiene pocos funcionarios acreditados en su embajada en China. El propio embajador de Itamaraty se quejó recientemente -durante una entrevista-  por tener solamente cinco funcionarios y comentó el escaso interés del empresariado brasileño por vender sus productos. Aún así, el intercambio comercial bilateral de Brasil con China  ya superó los  25 mil millones de dólares.

Fasciolo considera que es fundamental una readecuación presupuestaria en los ministerios de relaciones exteriores, para poder  así abrir o ampliar representaciones diplomáticas que promuevan el intercambio con los países del Oriente. Aunque específicamente se refiere a la Cancillería argentina, el consejo vale para todos.

Por casa ¿Cómo andamos? Aunque hace tiempo que tenemos embajadas en Beijing y en Tokio, las mismas funcionan hasta ahora con poca gente y escasos recursos. Además, Bolivia no tiene prácticamente presencia en la India (pese al contrato de explotación del Mutún con la Jindal Steel), ni en Singapur, Vietnam, Corea, Tailandia, etc. Tampoco hay presencia boliviana en otros centros asiáticos de gravitante interés. Actualmente hay acercamientos de la administración de Evo Morales con el régimen fundamentalista de Irán, pero recordemos que ello es fruto de aspectos ideológicos y no de naturaleza práctica.

Se impone a la brevedad un análisis realista del interés nacional y de su proyección futura, sobre todo en el campo de la búsqueda de nuevos mercados y mecanismos de cooperación. Sin descuidar los vínculos ya existentes con Latinoamérica y Europa, urge elaborar instrumentos idóneos para manejar una nueva e inteligente diplomacia boliviana que nos acerque a las potencialidades del Oriente, a esa zona de inmenso crecimiento y de grandes oportunidades.

El tiempo no espera, hay que ponerse a trabajar de inmediato. Los futuras y positivas relaciones que genere Bolivia con las principales naciones asiáticas serán gravitantes para el porvenir de nuestro desarrollo, sobre todo si se aumentan volúmenes de exportaciones y se atraen inversiones.



Publicado en fecha: 20 de marzo de 2009
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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