DE KIEVAN RUS A LA MADRE RUSIA

Los varegos (navegantes vikingos) se establecieron primeramente en Kievan Rus, origen del pueblo ruso y en lo que hoy es Kiev, capital de Ucrania. A partir de allí se expandieron hacia el entonces llamado ducado de Moscowa (Moscú). El año 1215  los moscovitas fueron invadidos por las hordas tártaras y permanecieron bajo dominio mongol durante 300 años. Luego vino la epopeya del cosaco Yermak, quien conquistó con sus jinetes toda Siberia y la puso a los pies del Zar, dándole así a la dinastía Romanov una larga vida y varias generaciones de poder sobre el pueblo ruso. Más adelante, Pedro El Grande rompe el encierro ruso abriendo la frontera del Báltico  al expulsar a los suecos y lituanos. Fundó allí -en las costas del mar Báltico- San Petersburgo, llamada Leningrado en épocas del comunismo y que fue capital del imperio ruso.

La mente occidental está más acostumbrada a conocer la historia de los grandes navegantes como Cristóbal Colón, Vasco da Gama, Hernando de Magallanes y otros, ya que a través de ellos se conquistaron nuevos mundos y se abrieron nuevas rutas para el comercio europeo. Sin embargo, el conocimiento de lo sucedido en las inmensas estepas euroasiáticas es también fundamental para entender mejor el desarrollo de la  propia civilización occidental. Sin embargo, poco y nada sabemos de los pueblos de las estepas, más allá de la extraordinaria hazaña de Yermak o de las incursiones de hunos y mongoles que a su turno asolaron Europa. No en vano Sir Halford Mackinder expresó que no se podría entender el desarrollo de la civilización europea sin tomar en cuenta las incursiones provenientes del este que afectaron su devenir, como también provocaron migraciones que crearon hasta nuevas naciones, como fue el caso de los sajones de Alemania al escapar de Atila y refugiarse en las Islas Británicas. A lo largo de siglos, caravanas de camellos y jinetes a caballo deambularon por la inmensidad de la estepa, fundando ciudades (o destruyéndolas) y conquistando territorios. Recuérdese el legendario “camino de la seda”, luego recorrido por el italiano Marco Polo.

La Madre Rusia (su apelativo protector y cariñoso), al momento de su máxima expansión con la Unión Soviética -al terminar la segunda Guerra mundial en 1945- demoró 700 años en lograr esa expansión, luego drásticamente reducida cuando colapsó la URSS.  A Estados Unidos, por el contrario, le llevó poco más de 100 años ocupar el territorio bioceánico que ahora domina. Compras de territorios a franceses y españoles, la miopía del Zar que cedió Alaska, el exterminio de unos pocos nativos indefensos, como también el expediente de arrebatarle territorio a su vecino débil del sur (México), le hicieron a EE.UU. las cosas muy fáciles. Por el contrario, los rusos debieron luchar palmo a palmo, metro a metro, contra otros pueblos tan aguerridos como ellos.

Pese a la enorme superficie que Rusia llegó a dominar y aún domina, siempre fue una nación prisionera de su geografía. Jamás tuvo acceso a mares cálidos, el único puerto que no se congela es Mursmank. Su acceso desde el Mar Negro al Mar Mediterráneo está limitado por los Dardanelos y el Bósforo, amén de restricciones de potencias externas. Se trata de la mayor masa terrestre del mundo pero con difícil acceso a los océanos de ultramar. Esa limitante no le quita protagonismo ni presencia  a Rusia en el concierto internacional. Con ánimos renovados y luego de superar varias crisis, la gran potencia eslava irrumpe  ahora nuevamente en el escenario mundial.


Publicado en fecha: 25 de diciembre de 2009
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

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