ARQUÍMEDES Y LA CRISIS GLOBAL

Arquímedes (Siracusa, Grecia, 297-212 A.C.) fue un notable matemático e inventor. Perfeccionó el uso de la palanca, mecanismo utilizado para levantar y mover objetos de enorme tamaño o peso con poca fuerza real propia. Un dicho de Arquímedes pasó a la posteridad: “dadme una palanca y un punto de apoyo y moveré el mundo”.

Desde la niñez hemos usado –consciente e inconscientemente- el principio de Arquímedes. Lo que nunca imaginamos es que los gnomos de Zurich y los duendes de Wall Street usarían metafóricamente tal principio en sus nefastas “bicicletas” financieras, precipitando así el más grande desastre económico mundial de las últimas décadas.

El llamado “apalancamiento financiero” ha sido y es un instrumento habitual en las prácticas empresariales. Implica poder comprar o adquirir con poco -mediante hábiles maniobras crediticias y de tipo monetario- algo que vale mucho más e irlo pagando luego con las propias ganancias u otro sistema preplanificado. Llevar el apalancamiento a extremos -como ha sucedido en el mundo industrializado- puede ser desastroso.

La euforia bursátil venía desde hace tiempo. No bastó como advertencia primaria la brusca caída del mercado de acciones tecnológicas (NASDAQ) en los primeros años del tercer milenio, cuando los llamados “punto.com” colapsaron por diversos excesos. Pocos años después vino la crisis hipotecaria en los Estados Unidos (que ya anunciaba la debacle) y ahora tenemos la crisis global que todos conocemos. Mientras se podía pedalear la bicicleta financiera, la cosa funcionó bien. Al perder el pedal, el abismo se abrió ante los pies de los ciclistas de las bolsas. Actualmente todo sigue en caída libre, aún no se sabe cuál será el piso.

Una casa es una casa, es un bien real y tiene un documento que la respalda (su escritura de dominio o su crédito hipotecario). Pues bien, los especuladores “fabricaron” con esa única casa 50, 100 o 200 casas de papel mediante ingeniosos esquemas de  acciones o títulos “prime”, “subprime”, bonos derivativos, etc. y que se negociaban alegremente por doquier. Las entidades teóricamente especializadas en la materia  ofrecían  tales papeles a sus clientes como “sólidas inversiones”. Muchos bancos norteamericanos incorporaron esos mismos documentos a sus carteras y simultáneamente concedían -imprudentemente- créditos sin garantías sólidas.

Todos felices, todos ganando plata, pero ¿Qué pasó? Cuando el dueño de esa única casa hipotecada no pudo seguir pagando su cuota mensual, comenzó el desajuste. Cuando de uno, pasamos a millones que no podían pagar la cuota hipotecaria de sus casas y  de ahí a lo misma insolvencia, no solamente con propiedades sino en industrias, servicios y otros ramos, las bolsas iniciaron su derrumbe. La bicicleta dejó abruptamente de ser pedaleada. La ficción de tanto papel emitido a gusto y capricho empujó hacia abajo a los mercados. Al caerse tales papeles, el mal llegó hasta  la médula de la economía real, afectando así producción, consumo y fuentes de empleo.

El principio de Arquímedes fue groseramente utilizado. Sobre un punto de apoyo, desde Suiza, Nueva York, Londres, Tokio u otros centros gravitantes, se hizo un mal uso de la palanca financiera; “se movió el mundo” hasta que la burbuja donde se asentaba esa palanca reventó. Ahora el planeta enfrenta un problema mayúsculo que traspasa los límites de la especulación e ingresa en terrenos legales y hasta filosóficos. El proceso sigue, veremos cómo y de qué manera finaliza. El capitalismo no volverá a ser nunca igual, nuevas formas surgirán al terminar este terrible trance.


Publicado en fecha: 13 de marzo de 2009
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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