EL PELIGRO DEL CRIMEN ORGANIZADO

La “Pax Romana”  de la antigüedad era una pacificación impuesta mediante combinación de intimidaciones y amenazas. Las legiones eran suficiente disuasivo para cualquier tipo de aventuras o “libertades”. Asimismo, la garantía de que “todo estaba bien” si se obedecía al enviado de Roma y se quedaba uno quieto por temor  a represalias o castigos, mantuvo al imperio  -hasta en sus lejanos confines- muchos años sosegado y en paz a lo largo de su vasta extensión.

Luego se habló en varias ocasiones  de la “pax británica”, “pax americana” o “pax rusa”, dependiendo del contexto histórico, del ámbito de dominio o del lugar geográfico. Por añadidura y en la Sicilia italiana, cuna de la Mafia o “Cosa Nostra”, ha habido verdaderas épocas de “pax mafiosa”,  períodos de tranquilidad sostenidos y logrados mediante sutiles sistemas de presiones, miedo y amenazas, o alianzas temporarias entre mafiosos. Esta  última  versión -la pax mafiosa- ha sido retomada por el profesor argentino Juan Gabriel Tokaklián,  especialista en temas de seguridad y defensa, para un análisis en nuestro subcontinente.

A los enormes retos que tiene ante sí América Latina, según Tokaklián se suma el peligroso encumbramiento de una pax mafiosa en la región; es decir, la consolidación de una nueva clase social criminal con capacidad hegemónica ante la desorientación de las élites dirigentes, la parálisis de la sociedad civil, el desvanecimiento del Estado y el desdén de la comunidad internacional. Esta pax mafiosa se deriva del lucrativo e infame negocio de las  drogas ilícitas (Ver http://goliath.ecnext.com/coms2/gi_0199-9410917/America-latina-ante-la-pax.html).

El crimen organizado se vuelve cada vez más transnacional y sofisticado, en conformidad con las ineluctables leyes que impone actualmente la globalización. Por otro lado, las bandas delincuenciales y de narcotraficantes tienden a constituir verdaderos enclaves de mando dentro de centros urbanos y rurales de importancia. Desde dichos enclaves ejercen su dominio y desafían abiertamente a la autoridad formal. Es lo que sucede en lugares tales como Ciudad Juárez (México), zonas del Chapare boliviano, en favelas y barrios de Río de Janeiro y de San Pablo, algunas villas miserias de Buenos Aires, etc.
Al decir de Tokaklián, el alcance del crimen organizado es integral, ha adquirido dimensiones globales, transnacionales, multiformes y pluriproductivas. Además, surge y se ramifica en un entorno en el que el Estado se encuentra, parcial o completamente -tácita o expresamente según el caso- en connivencia o indiferente  con respecto a dicha criminalidad.

La parte más dramática del auge del crimen organizado es su búsqueda de poder político y económico.  Y lo procura  hábil e indirectamente. La criminalidad organizada tiene la necesidad, la oportunidad y la capacidad para combinar coerción y consenso, afirma Tokaklián. Su vigencia no radica sólo en la provocación del temor, sino también en la búsqueda de reconocimiento. Persiste cierto interés de la criminalidad para transformarse en actor social con pretensiones de dominación.

Estos razonamientos son contundentes y preocupan. A fines del 2009 notamos un tremendo auge de la criminalidad en todos los órdenes, en paralelo con la creciente y desmedida influencia que ejercen los productores de materia prima para estupefacientes. Esto es válido en Afganistán con el opio, como también para Colombia, Perú y Bolivia con la coca. Mientras, o los gobiernos hacen la vista gorda, o coquetean con la punta “honorable” del iceberg que oculta a la pirámide del crimen organizado.

La posibilidad de una “pax mafiosa” -inédita y en concordancia con ciertas situaciones de América Latina-, es  ahora aterradora posibilidad concreta.


Publicado en fecha: 4 de diciembre de 2009
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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