CHINA AÚN ESTÁ LEJOS DE EE.UU.

 
Desde la memorable iniciativa propiciada por Henry Kissinger, luego consolidada  con la histórica visita a Beijing del presidente Richard Nixon en 1971, la relación entre el dragón asiático y el águila norteamericana superó las anteriores etapas de confrontación  para pasar a niveles avanzados de intercambio político e importantes acuerdos diplomáticos. Esto se ha visto asegurado, una vez más, con el reciente viaje del actual mandatario estadounidense  Barak Obama a China.

Se cuenta –reiteradamente- que Napoleón  alguna vez expresó que cuando despierte China temblará el mundo. Pues bien, el dragón hace rato que está despierto y con tasas de crecimiento formidables. Con una combinación de autoritarismo político y apertura económica, China ha logrado posicionarse en niveles expectantes de futura súper potencia. Sin embargo, aún tiene muchos problemas internos por resolver, entre ellos  temas como el Tíbet, la provincia oriental de Xinjiang y -sobre todo- la mejoría de su nivel de vida, el que en zonas alejadas del interior es igual o peor que el de un país subdesarrollado. En efecto, si bien a nivel global el Producto Interno Bruto de China está entre los primeros del mundo, su ingreso per cápita -según datos de 2006- es de apenas $us 2.330 frente a los más de 45.000 dólares de los Estados Unidos.

Con mucha exageración, varios analistas y líderes hablan con respecto a China del “nuevo centro de gravedad” y del “cambio en el equilibrio del poder mundial”. Eso todavía está lejos. Sin desmerecer el crecimiento chino y reconociendo que su inmensa población y enorme territorio le dan posibilidades futuras, al presente Pekín (Beijing) tiene mucho trabajo por delante si quiere concretar sus aspiraciones hegemónicas. 

Según informaciones producidas con motivo de la visita de Obama, éste y el presidente Hu Jintao hablaron sobre las responsabilidades comunes y los esfuerzos conjuntos destinados a enfrentar el calentamiento global, el desarme nuclear, la crisis económica, etc. Asimismo, manejaron discretamente sus diferencias en el campo de los derechos humanos y el comercio, sin manifestarlas explícitamente en público.

Por encima de la transcripción de esa noticia, debe resaltarse el hecho de ser China un importante acreedor de EE.UU. Se calcula que más de 800.000 millones de dólares en Bonos del Tesoro son retenidos por los chinos. Si esta gigantesca masa de valores inunda el mercado, produciría un caos monetario de naturaleza global y una caída calamitosa del ya de por sí debilitado dólar estadounidense. Esta es la principal razón de la suavidad norteamericana con respecto a otros temas candentes en China, como los ya mencionados que existen en algunas regiones, más sistemáticas violaciones a los derechos humanos. Además, China le compra y le vende a EE.UU. por otros muchos miles de millones de dólares. Por tanto, entre la deuda y el intercambio, basta y sobra para la prudencia en el sustento de una adecuada relación bilateral.

China está muy alejada de Estados Unidos -pese al latigazo propinado a éste por la crisis financiera- en lo que se refiere a niveles cualitativos de desarrollo y de renta nacional.  En ciertos casos la distancia entre ambos colosos es abismal.  El dragón sopla sí, pero no tanto como para asustar al águila. El ave símbolo de los Estados Unidos sigue siendo más poderosa, lo será por lo menos durante los próximos 50 años.  EE.UU. tiene a favor su enorme capacidad de reciclaje e innovación tecnológica, lo que le sigue dando un claro liderazgo político, económico y militar. No hay que engañarse, el verdadero centro de gravedad sigue estando y estará en Washington, no se desplazará a corto plazo ni hacia China ni hacia ningún otro lado.


Publicado en fecha: 27 de noviembre de 2009
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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