BRASIL Y CHINA: ALIANZA DE DOS GIGANTES

En medio del actual tumulto creado por la crisis financiera, Brasil y China continúan estrechando sus vínculos. La reciente visita -mediados de mayo- a Beijing del presidente brasileño Luiz Inácio (Lula) da Silva, ha tenido enormes repercusiones. Las seguirá teniendo en el futuro inmediato.

China se ha convertido desde abril del 2009 en el principal socio comercial del Brasil al superar a los Estados Unidos. Con exportaciones de mineral de hierro, soja y petróleo, el régimen carioca impulsa un comercio exterior de muchos miles de millones de dólares hacia una China ávida de estos productos. Por su parte, los chinos le venden al gigante sudamericano diversa cantidad de bienes manufacturados y están consolidando fuertes inversiones, sobre todo en el sector energético.

Lula firmó 13 acuerdos durante su permanencia en la capital china. Estuvo acompañado por más de 240 empresarios, todos entusiasmados por hacer negocios con sus pares orientales.

Con 8.511.000 kilómetros cuadrados de superficie y 200 millones de habitantes, Brasil representa por sí sólo más de la mitad de América del Sur. Por su lado, China tiene 9.597.000 Km.2 y supera los 1.300 millones de habitantes. El viejo dragón del oriente se perfila como una gran potencia emergente y futura aspirante a súper potencia global.  Una alianza política y comercial entre estas dos enormes naciones traerá consecuencias geopolíticas y geoeconómicas en escala planetaria.

China tiene mucha liquidez producto de enormes excedentes del pasado reciente en su balanza de pagos.  Ahora, en medio de la crisis, está sabiendo utilizarla. Invertirá nada menos que 10.000 millones de dólares en Brasil para impulsar los emprendimientos de la empresa estatal PETROBRAS y con el compromiso de adquirir mayores cantidades de petróleo una vez se desarrollen los depósitos “off shore” brasileños, yacimientos que le permitirán a Brasilia pasar a ser un importante exportador de crudo.

Hubo y hay problemas. Los industriales de San Pablo se han estado quejando por la inundación de productos chinos baratos, flujo que afecta a la base industrial de ese importante estado del Brasil. Por otro lado, China le compra a Brasil materias primas, con lo cual esa misma base industrial  paulista -jaqueada por bienes chinos de toda índole- no puede recuperarse, máxime frente a la caída de su intercambio con otros clientes tradicionales (Argentina y EE.UU.). Aún así, conviene anotar que la alianza sino-brasileña es de naturaleza estratégica, apunta mucho más allá de la coyuntura -o de los problemas del momento-  y abre con esa perspectiva nuevos interrogantes en el  dinámico tablero de la política internacional.

China es miembro pleno y con derecho a veto del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El Brasil ha tratado –infructuosamente hasta ahora- de ser admitido como miembro permanente una vez se reforme ese importante órgano de la ONU, espejo de la política del poder mundial que se disfraza bajo el manto de la llamada “seguridad colectiva”. Entre o no Brasil al Consejo de Seguridad, su vínculo con China le puede dar un “apalancamiento” para tener mayor influencia en el G-20 (grupo que aglutina a los industrializados y a los principales emergentes), como también en otros cuerpos de diálogo del contexto internacional, tales como la Organización Mundial del Comercio.

El tiempo dará su veredicto final. Una cosa sí es segura: por encima de una que otra crisis recurrente y de los inmensos problemas internos que ambos tienen aún que superar, los caminos hacia el estrellato mundial  de China y del Brasil siguen a paso firme.


Publicado en fecha: 29 de mayo de 2009
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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