ALGUNOS APORTES DE SANTA CRUZ A BOLIVIA

Los delegados por Santa Cruz -Antonio Seoane y Vicente Caballero- votaron por incorporarse al Estado Boliviano creado el 6 de agosto de 1825  y a favor de su independencia. Los delegados paceños Eusebio Gutiérrez y Juan Manuel Velarde votaron por la incorporación al Bajo Perú con capital en Lima. Los chuquisaqueños –con el impulso de Casimiro Olañeta a la cabeza- querían una nueva nación. Mientras, muchos paceños preferían ser peruanos. Esto persistió por bastante tiempo. La Paz estuvo a punto de incorporarse al vecino país por las acciones del peruano Agustín Gamarra y de sus seguidores en La Paz.  Luego, La Paz amenazó una vez más con su anexión al Perú en la guerra civil de 1899. Hasta hoy, cada tanto se ven manifestaciones campesinas en La Paz  que piden anexarse al Perú.

Santa Cruz no era parte de las llamadas “Provincias Altas”. Su adhesión al flamante país fue voluntaria. Nunca se nos aceptó plenamente, aún con las probadas muestras de bolivianismo desde los albores de la república. Ya en 1828, tropas enviadas por el Mariscal Sucre y encabezadas por el cruceño Agustín Saavedra Paz, repelieron la invasión de Chiquitos por bandeirantes brasileños. El 18 de noviembre de 1841 las armas nacionales se cubrieron de gloria en la batalla de Ingavi, combate que selló para siempre la independencia e integridad de Bolivia con la derrota definitiva de  Gamarra y de varias facciones paceñas pro peruanas que acompañaban a este enemigo de la Patria. Hasta hoy, los libros "oficiales" de texto de historia boliviana y gran parte de los paceños siguen ignorando -o minimizando- la participación que le cupo al Departamento de Santa Cruz en la más importante victoria militar internacional que hemos tenido. Dos cruceños fueron pieza clave en Ingavi: Agustín  Saavedra y Marceliano Montero; sus cargas de caballería determinaron el triunfo boliviano. Estos dos ilustres soldados son ignorados en La Paz.
En el Pacífico, en el Acre, en el Chaco, también se derramó sangre cruceña en defensa de Bolivia. Por tanto, se debe rechazar enfáticamente las dudas sobre el sentido nacional de Santa Cruz.

El notable y profético Memorándum de 1904 -presentado por la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz en un momento dramático cuando se formalizaba ese año mediante el tratado firmado con Chile la pérdida del Litoral-, mereció un somero e irónico análisis de los andinos mandantes bolivianos, encerrados en la tinaja  -como la  bautizó el prócer argentino Bartolomé Mitre- de la hoyada de La Paz.  Todo era en función del altiplano, el resto del país representaba una mera carga geográfica. La imaginación geopolítica era inexistente. No es de extrañar entonces, la larga lista de amputaciones territoriales que sufrió Bolivia en sus 184 años de  dramática existencia.

He aquí algunos otros aportes  más contemporáneos de Santa Cruz a favor de Bolivia: lucha por las regalías, su apoyo al retorno de la democracia, elección de alcaldes y de prefectos, procesos autonómicos y ahora nada menos que el 34% de la producción nacional, incluyendo la asimilación de centenares de miles de inmigrantes del interior que encontraron acá trabajo, su felicidad y su destino. Más nacional que esto imposible. Sin embargo, se le sigue endilgando a Santa Cruz el “no pensar nacionalmente”, como maliciosamente se repite desde las alturas. En realidad, lo del tal “pensamiento nacional” significa pensar como si uno estuviera en La Paz. Es una falacia más de las tantas que nos acomodan. Como lo he dicho muchas veces, en la actualidad lo único verdaderamente nacional es lo cruceño, acá estamos todos y para todos. Esa es la realidad.


Publicado en fecha: 24 de abril de 2009
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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