SEMINARIO DE AGUAS EN MATO GROSSO DO SUL

Entre el 22 y 24 de octubre  se realizó en Campo Grande (capital del estado brasileño de Mato Grosso do Sul) el IV Seminario Internacional de Derecho, Energía, Calentamiento Global e Impactos en la Agricultura. Simultáneamente, se desarrolló el V Seminario Internacional de Aguas. La iniciativa y su continuidad vienen siendo  una excelente obra del Diputado Paulo Correia, Presidente de la Comisión de Medio Ambiente, con el apoyo de la Asamblea Legislativa (Congreso) del estado del país hermano.

Tuve el honor  de ser invitado por cuarta vez a este importante evento que reunió a diversas personalidades del Cono Sur. En una próxima columna resumiré las partes pertinentes de mi conferencia: “Geopolítica de los Recursos Hídricos en América del Sur”. Ahora referiré aspectos generales del seminario en lo referente al agua, recurso tan en boga y también politizado hasta  extremos demagógicos.
Los temas fueron diversos: el alarmante efecto invernadero, el sistema del Acuífero Guaraní, la represa de Itaipú, cuencas fluviales de superficie y subterráneas, usos y utilización del agua, saneamiento, alcantarillado, irrigación, geopolítica del agua, financiamiento de proyectos, etc.

El agua es un bien escaso en muchos lugares. En ese crítico contexto, América del Sur posee la  mayor concentración de agua dulce. En nuestra región -felizmente- el tema agua pasa por una eficiente administración y uso racional y no por la escasez. Sudamérica tiene la mayor porción de agua dulce del mundo: 28%. La escasez está circunscripta a algunas zonas desérticas. En la administración y buen uso es donde hay fallas muy graves, fallas por las que gran parte del pueblo sudamericano todavía no goza de servicios imprescindibles como agua potable y sanitarios. Esto debe enmendarse mediante políticas públicas y privadas de alta eficiencia.

De toda el agua dulce planetaria, Brasil tiene el 13%, Rusia el 11%, Canadá y China tienen un 9%, mientras EEUU, Indonesia y Bangladesh tienen cada uno el 6% y la India el 5%.  El porcentaje restante se disemina en el resto del globo.
En Brasil el principal porcentaje de su matriz energética está formado por la hidroelectricidad. Alrededor de 600 hidroeléctricas representan un 77% del total, frente al gas natural con solamente un 3%.

El agua es la representación más natural de la denominada globalización, pues cruza las fronteras sin trámites ni pasaporte. Según un Informe elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2006, existen en el mundo nada menos que 263 cuencas transfronterizas.

Desde la Conferencia de Dublín (1992) se estipuló que el agua tiene un valor económico. Luego vino la discusión sobre el agua como derecho humano, la que persiste hasta hoy. Como expresé anteriormente, en casos de extrema necesidad el agua pasa a ser derecho humano, pero para casos de uso general es un bien económico, con precio y sujeto a  su oferta y demanda. Lo que un Estado debe hacer para darle agua barata al pueblo cuando su extracción es cara, es crear inteligentes mecanismos de subsidios. Eso es preferible a “nacionalizaciones” que no llevan a ninguna parte y provocan efectos perversos.
El ser humano vive bajo cuatro pilares esenciales: agua, alimentación, vivienda y seguridad. Son los mínimos elementos que cualquier Estado en el mundo  tiene la obligación de promover y asegurar.

El tema es apasionante pero el espacio es mezquino. Volveremos sobre esto próximamente.


Publicado en fecha: 31 de octubre de 2008
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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