RECORDANDO A LA ENVIDIA

"La envidia igualitaria" de Gonzalo Fernández de la Mora, (Ed. Sudamericana) toca uno de los aspectos más sensibles de la sociedad contemporánea. La envidia es un "sen­timiento desdichado individualmente y socialmente demoledor".  Expresa  luego: "es  la envidia  la que frustra  las grandes capacidades personales, so­bre todo en las acciones colectivas".

El autor del libro proporciona  algunos pensamientos con­tundentes con respecto a su país (España) acerca de  la envidia, aunque  ellos   son de  validez casi  global. Veamos:  "El español se complace en la gloria del extranjero y al mismo tiempo le atormenta una cierta tristeza y disgusto de las glorias de su na­ción".  Si cambiamos español por boliviano, no estaríamos muy lejos de rea­lidades que observamos a diario.  Sigamos: "Los españoles persiguen con envidia a todos sus grandes hombres, les amargan la existencia y gene­ral­mente logran detener pronto sus triunfos."  ¿Acaso no tenemos en nuestra propia historia  boliviana  abundantes ejemplos si­milares de  desprecio o de denigración de honra y de dignidad de aquellos que valen? Continúa: "Un pueblo ingrato suele padecer los gobiernos que se merece, o sea los que se sirven de él en vez de ser­virle"... "La envidia no sólo mueve a la ingratitud hacia los mejo­res, sino a la apología de las medianías y aún de los peores". Y prosigue: "La envidia es el estado de ánimo que más  obstacu­liza la promoción, el reconocimiento y la utilización del hombre superior.  El envidioso trata de que ese tipo de persona no exista; si a pesar de ello surge, la posterga; y si  no obstante sobresale la denigra"... "Los envidiosos pre­fieren a los ínfimos para sentirse superiores"

Fácil es colegir que una nación dónde existen  -en distintos grados y con na­turales excepciones-  estas anomalías, disminuye drásticamente sus posibilida­des de superación y puede llegar a languidecer en perpetuo  marco de odios y rencillas internas. En este contexto, debe reconocerse el enorme cambio cualitativo y positivo que tuvo España en estos últimos 20 años. De ser la cenicienta de Europa pasó a ser un país pujante y desarrollado. Parte de su éxito se cimentó en la superación de muchas de  las pautas envidiosas antiguas criticadas por Fernández de la Mora  y anteriormente por otros autores, entre ellos personajes de la talla de Ortega y Gasset.

Sin entrar en sofisticados análisis, la envidia en Bolivia es  tal vez una de las causas de su permanente atraso y pobreza.  Hay muchas maneras de combatir  la envidia; hasta los preceptos evangélicos nos señalan que de­bemos alejar de nuestras mentes y de nuestro comportamiento ese malsano virus individual y social.  Empero, la mejor y más eficaz terapéutica contra la envidia es la creación de igualdad de oportunidades para todos. Asimismo, tomar  conciencia acerca de  la necesidad de hacer que los verdaderamente  me­jores en cada rama y rubro de ac­tividad, sean emulados en lugar de ser re­chazados o envidiados.  Como dice nuestro glo­sado autor, "Hay que estimular a ser más, no estimular a rebajar al otro  y  cuando eso sucede, patológicamente sentirse igual o mejor".

En la superación de resentimientos y rencores promovidos por la ve­ne­nosa envidia,  quizá esté gran parte de la respuesta a los  desafíos que enfren­tará Bolivia en este tercer milenio que transitamos hace ya rato.  Dicha superación debe ser exitosa para que seamos una nación fraterna, una comunidad con sentido de auténtico progreso y sin la generación de  maldades -individuales o colectivas- fruto de la ponzo­ñosa envidia.


Publicado en fecha: 1 de febrero de 2008
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

Los más Recientes



Copyright © 2013 - Todos los Derechos Reservados

Telf. de contacto: 74969109 Diseñado por: Vicente Candaguira