PERSPECTIVAS DE LA IV FLOTA ESTADOUNIDENSE

Desde la época en que el Almirante Alfred Mahan (1840-1914) sentó las bases de la geoestrategia y geopolítica marítima mediante su célebre obra acerca de la influencia del poder naval en la historia, la marina estadounidense se preparó para ser la heredera de Gran Bretaña, la antigua reina de los mares. En función de ello y luego  de los diversos conflictos bélicos en  que intervino Estados Unidos, sucesivamente se crearon varias flotas, cada una de ellas asignada a diversas áreas geográficas del globo. Entre ellas, la IV Flota para el hemisferio occidental, creada en 1943, durante la Segunda Guerra Mundial. Fue eliminada apenas siete años después (1950), por considerarla “innecesaria”.  Su función fue cubierta por la Segunda Flota.

El pasado 24 de abril, la Armada estadounidense anunció la nueva puesta en marcha de la IV Flota. Este anuncio no puede tomarse a la ligera. Hay todo un conjunto de símbolos explícitos detrás de la re-creación de esta unidad militar oceánica y vale la pena considerar, entonces, algunos aspectos.

Como se informó oportunamente, la misión  de la IV Flota será el  vigilar buques, aviones y submarinos que transiten por el Caribe, América Central y América del Sur. Se podrá emprender acciones conjuntas con las fuerzas navales de otros países de la región para fines de interés común, tales como tareas de contingencia, de cooperación y, si es necesario, de combate contra el narcoterrorismo y las actividades ilícitas. La IV Flota estará encabezada por un  poderoso portaaviones nuclear y sus actividades  serán coordinadas con el Comando Sur de los Estados Unidos en Mayport, Florida. La IV Flota comenzará a operar desde el 1° de julio próximo.

En otras palabras: tendremos alrededor del  hemisferio un cordón naval de protección por un lado y de disuasión por el otro, sin descartar eventuales movimientos ofensivos si un caso específico así lo hace necesario según el punto de vista  global de su comando o  el criterio puntual del jefe en operaciones  de parte de la flota en el lugar bajo tensión.
Al margen de las especulaciones en torno a esta inminente puesta en acción de la IV Flota, hay dos acciones concretas en las que recalco podrá ser muy útil: el control de la creciente  piratería moderna y  el control del  no menos creciente tráfico de drogas por vía marítima, en particular, los envíos que se hacen desde Sudamérica hacia África Occidental para, desde allí, llevar ese flagelo de los estupefacientes a los lucrativos mercados europeos.

Por otro lado, es evidente que la presencia de la IV Flota servirá de freno a otro tipo de aventuras que alguien pretenda realizar, sobre todo si se trata de movimientos o elementos vinculados directamente con el  llamado patio trasero norteamericano, específicamente, Centroamérica y  el Caribe.

El brazo largo de la superpotencia llega desde hace tiempo  a muchos confines del globo. Ahora ha decidido incluir al continente sudamericano en sus planes de vigilancia estratégica. El tiempo dirá si la IV Flota deviene en algo útil para las tareas propuestas y para la mejor integración naval de las fuerzas interamericanas de paz, o si se verá enfrentada en el futuro inmediato a conflictos regionales o con fuerzas del terrorismo internacional.  Veremos que pasará en los próximos meses.

Hay que seguir con atención este tema, no es aislado y se lo puede interconectar con otras actividades ya concluidas  -o en marcha- que tienden a crear una sombrilla estratégica de EE.UU. en nuestra región.


Publicado en fecha: 23 de mayo de 2008
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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