OEA: PUDO MÁS EL PRINCIPIO DE NO INTERVENCIÓN

Fidel Castro bautizó a la Organización de Estados Americanos (OEA) como “cadáver putrefacto” y “basura”. Fuertes adjetivos sin duda, aunque a ratos parecen justificarse por los giros desafortunados de  los burócratas de la OEA.  La Carta de la OEA fue  suscrita hace 60 años en Bogotá. El Art. 1º  de la Carta expresa que  ninguna de sus disposiciones autoriza la intervención en asuntos de la jurisdicción interna de los países miembros. Es por eso que pese a los intentos de la actual administración,  el documento aprobado el pasado 3 de mayo –luego de respaldar al régimen legalmente establecido y a la integridad territorial de Bolivia, aspectos que nadie discute ni objeta-, expresa en su parte 6ª  “la disposición de la OEA, dentro del más estricto respeto al principio de la no intervención, a brindar el apoyo y la ayuda que el Gobierno de Bolivia requiera para la realización del proceso de diálogo y para el fortalecimiento de su democracia”.

José Miguel Insulza,  Secretario General y el empleado de más alto rango de la OEA, una vez más ha tenido conducta dudosa. A sabiendas de que no es verdad, el 2 de mayo  volvió a reiterar el “peligro de división de Bolivia”. Hecho el “canchero”, el pasado 26 de abril Insulza se refirió sarcásticamente a una carta del Prefecto de Santa Cruz y presidente del Consejo Nacional Democrático (CONALDE), pese a que la misiva reflejaba una clara e incondicional voluntad de diálogo, aunque no precisaba fecha, por la sencilla razón de la necesaria concertación previa. Las ambigüedades de Insulza y de la OEA llegan a extremos. Hasta el momento se ha servido responder a las peticiones individuales que  se le han formulado en varias ocasiones sobre la base del artículo 8º (peticiones individuales)  de la Carta Democrática Interamericana (CDI) e ignora deliberadamente el alcance del artículo 6º (desarrollo de la democracia). Muy lamentable el manejo de la situación por parte de Insulza. El Subsecretario de la OEA Dante Caputo fue más franco y más objetivo: admitió que no había tal divisionismo en Bolivia y que el referéndum era “imparable”.

Cuando se realizó  en Canadá un referéndum abiertamente separatista, la OEA no intervino ni opinó. Aunque se ha repetido “ad nauseam” la unión nacional hasta en el propio Estatuto Autonómico cruceño, he aquí que cundió en la OEA una alarma inusitada, fogoneada por falaces argumentaciones y alimentada desde el propio gobierno boliviano,  quien se dedicó -con tenacidad digna de mejor causa- a sembrar temores y agigantar fantasmas inexistentes. Sin embargo, es nuestro gobierno, el gobierno de todos y elegido democráticamente. Y por eso lo respetamos, por eso lucharemos por que cumpla su mandato. Eso sí,  pedimos y demandamos que  gobierne para todos y sin particularismos.

No hay nada más democrático que un ejercicio de democracia directa y justamente eso es lo que se quiso impedir ¿Con qué argumentos concretos? Sin nada, solamente con infundados temores difundidos por el propio gobierno y amplificados por la OEA, cada vez más cerca de hacer realidad -por culpa de su inepta burocracia actual- los calificativos que le puso Fidel.

 Por suerte primó la cordura y se impuso el principio de no intervención en los asuntos internos de otros países. La Bolivia autonómica del futuro inminente ganó una crucial batalla internacional y, paradójicamente, sin participar de la misma.


Publicado en fecha: 9 de mayo de 2008
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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