LOS 100 AÑOS DEL FORD MODELO “T”

En  1908, el automóvil con motor a combustión ya circulaba por el mundo. Poco a poco fue cambiando la fisonomía de ciudades y zonas rurales, aún bajo la influencia (por siglos) de los carruajes a caballo. Es más, durante un buen tiempo todos los modelos de autos tenían la forma de dichos carruajes, comenzando con el Ford “T”,  al que nos referiremos en seguida.  La imaginación de los diseñadores cambió eso progresivamente y nos llevó a las formas aerodinámicas de este tercer milenio.

El problema, para los albores del pasado siglo, era que los nuevos vehículos eran muy caros y poco accesibles al público en general. Las formas de producción manuales, costosas y de larga duración, incrementaban sustantivamente el precio del bien terminado. Un joven ingeniero norteamericano, Henry Ford (1883-1947) tuvo la genial idea de construir un auto “Standard” a precio súper económico y haciendo pleno uso del esquema –revolucionario en ese entonces-  del nuevo sistema de la planta de montaje, el que perfeccionó y le permitió partir de la base mínima del auto (su chasis)  para terminar al final de la línea de ensamblado con el vehículo terminado. Este  ingenioso proceso -aunque casi exclusivamente hecho ahora con robots-  sigue vigente, obviamente con las mejoras de la hora presente. 

Fue el principio de la producción en masa, principio que le permitió  a Henry Ford ser millonario rápidamente. Altos volúmenes con mínima ganancia -como efecto de las economías de escala y  por la venta de cientos de miles de productos, aunque el margen rentable individual era muy pequeño-, debido a la colosal cantidad producida pasaban a generar suculentas ganancias. Este axioma de la gran empresa sigue también siendo válido hasta hoy.

Ford inició la fabricación de su Modelo “T” el 27 de septiembre de 1908, faltando poco entonces, para que se cumplan los 100 años de su revolución tecnológica y popular. El pequeño y tosco autito fue adquirido por más de 15 millones de personas; transformó a Ford en multimillonario y puso al mundo sobre ruedas. Los coches a combustión ya no eran exclusividad de la élite: estaban en manos del pueblo y al alcance de todos los bolsillos. El “T” era tan versátil, que se acomodó para servir de tractor, de ambulancia, para carga, etc.

La producción del legendario modelo terminó en 1927. Los años que estuvo en venta fueron los más espectaculares de la industria del automóvil, la que terminó por conquistar al mundo por su versatilidad y funcionalidad, transformándose en una gran industria de industrias. Adiós al noble caballo, adelante el automóvil, era el dicho de la hora.

Comenzando con solamente 240 dólares, cualquier estadounidense podía acceder al modelo T en su versión básica. Era una tentación inaguantable frente al elevadísimo precio de las otras fábricas, aunque éstas, poco a poco acomodaron sus propias líneas de montaje bajo el esquema inventado por Ford y comenzaron a hacerle dura competencia. Aun así, la ventaja que Ford llevaba le sirvió para que perdure su propia marca e industria, la tercera del mundo en la actualidad, luego de Toyota y General Motors.

En la actual crisis energética ya se habla del retorno a la tracción de  sangre o por lo menos a niveles mínimos de consumo de combustible, sin contar las energías alternativas. La Ford Motor Company acaba de anunciar que su nueva política será producir autos pequeños y eficientes. Veremos qué pasará en el futuro con esta industria clave. Ahora, solamente quise recordar la proximidad de los 100 años del Ford “T”, a veces llamado también “Ford a bigote”.


Publicado en fecha: 1 de agosto de 2008
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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