LA TERRIBLE HIPER INFLACIÓN DE ZIMBABWE

El revolucionario ruso Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) dijo alguna vez: “¿Queréis destruir a una nación? Primero destruid su moneda”. Esto está sucediendo actualmente en Zimbabwe, país africano otrora exportador de alimentos y de excelente situación económica, hoy un desastre total, con hambruna generalizada.

Con un poco más de 390.000 kilómetros cuadrados, la población  de Zimbabwe supera los 12 millones de habitantes. El presidente vitalicio, Robert Mugabe, tuvo el mérito de orientar a este país negro y mediterráneo del Cono Sur de África por el camino de su independencia (1980), una vez superado el deleznable racismo de la ex Rodesia.

Más allá de su condición de “padre fundador”, Mugabe ha terminado con el transcurso de los años creando un régimen despótico. Sus desacertadas medidas convirtieron al otrora próspero país en un estado fallido, con tres millones de exiliados  o emigrantes en el exterior. Las políticas de odio y de revanchismo  de Mugabe han llevado a Zimbabwe a la triste situación que actualmente ostenta. Otro líder negro, Nelson Mandela, no repitió los errores de su vecino hacia el norte y por eso  la Unión Sudafricana es hoy un modelo de integración racial, permaneciendo –de lejos- como la economía más sólida del continente.
La destrucción de la moneda, su envilecimiento, es el acto más cruel que gobierno alguno pueda generar en cualquier lugar del mundo, ya que implica un impuesto regresivo que castiga a los más pobres, a aquellos desamparados que no tienen otra alternativa.

uando el movimiento progresivo, continuo y ascendente del nivel general de precios atraviesa un umbral crítico, deviene en híper inflación, en un loco e imparable proceso que termina arruinando a cualquier país. Eso sucedió en Alemania al terminar la Primera Guerra Mundial, sucedió un par de ocasiones en Bolivia (1952-56, 1982-85) y varias veces en Argentina, donde recuerdo la más reciente (1988-1990). Es lo que sucede ahora en Zimbabwe. En su capital, Harare, circulan ya billetes de 10 millones de dólares del país  y esa enorme suma no alcanza ni para un kilo de pollo.

Oficialmente, la tasa de inflación es del 66.212 por ciento pero los expertos del Fondo Monetario Internacional afirman que excede los 150.000 por ciento, casi el catastrófico nivel de la Alemania de 1919. Al declarar su independencia en 1980, el dólar de Zimbabwe era ligeramente superior al dólar estadounidense…

Los controles de precios están probando en ese empobrecido escenario una vez más su ineficiencia mientras “especuladores”, “oligarcas”  y “ocultadores” son buscados pero jamás encontrados…A todo esto, el Banco Central en Harare sigue imprimiendo billetes, día y noche.

Un tecnócrata honesto -Simba Makoni- es el actual opositor para las elecciones del 29 de marzo en Zimbabwe, pero todos los observadores internacionales coinciden en que los comicios serán manipulados una vez más por los fanáticos seguidores de Mugabe. Se augura que sus movimientos callejeros se encargaran de apalear y amedrentar a los que se animen a salir en desafío y para  lograr que siga siendo re-electo. Por tanto, casi seguro que se quedará Mugabe en el poder, con su república de opereta, su represión y su híper inflación.

Esta es una desgracia que no debe repetirse en el mundo, ojalá así sea. Acá en Bolivia la inflación está alcanzando niveles de alarma. Matemos al monstruo ¡Ya! Y que sea en forma definitiva.


Publicado en fecha: 14 de marzo de 2008
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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