IMPORTANCIA DE UN ESTADO MAYOR GENERAL

Allá por 2004 escribí una nota referida al célebre general germano Karl Helmuth Von Moltke (1800-1891), artífice del Estado Mayor  General (EMG) de Prusia,  país que fue factor y parte esencial del imperio alemán creado en 1971 tras la derrota propinada a Francia, obra de Von Moltke.

Al Estado Mayor General prusiano  nadie le daba crédito. Era una institución muy deteriorada desde la época de las guerras napoleónicas, de calamitosos resultados para Prusia. A partir de 1857 y mediante profundos cambios internos que transformaron por completo la personalidad e identidad del EMG, Von Moltke inició una verdadera revolución, provocando  avances cualitativos de enorme importancia para las campañas militares. Las acciones contra Dinamarca (1864) y luego sus brillantes victorias contra Austria (1866) y Francia (1870), sellaron definitivamente la fama de este inteligente planificador.

Von Moltke era un dedicado estudioso de la estrategia. Desde que fue  nombrado para ocupar un cargo alicaído y sin prestigio, impulsó radicales modificaciones.  Su EMG se convirtió en el paradigma de lo que son hasta hoy los Estados Mayores Generales en todo el mundo: centros de planeamiento estratégico para el mejor resultado  de las operaciones militares de ataque, defensa y prevención.

El arquetipo del EMG de Von Moltke caló hondo e inclusive tuvo desarrollos de enorme valor fuera de la esfera castrense. Hoy en día hay estados mayores electorales, empresariales, financieros, políticos, etc. Se trata, en suma, de tener un cuerpo estable de pensamiento estratégico para el mejor éxito de las operaciones en proceso, como también para manejar lo impensado, lo que surge de improviso y desde ya, la conducción táctica, las secuencias breves –pero vitales- de cada estrategia.

Nadie en sus cabales que deba mandar grupos numerosos puede trabajar ahora sin un estado mayor propio. Hasta en nuestra propia mente debemos tener una especie de EMG que guíe nuestras acciones hacia los objetivos que pretendemos lograr, tomando en cuenta los recursos posibles y las limitaciones inevitables. Sin EMG, nada funciona, nada puede llegar a un buen destino.

Von Moltke daba directivas y dejaba un amplio margen de autonomía a sus comandantes. Eso lo hizo universalmente famoso y transformó el campo del escenario bélico. Había un jefe supremo a nivel político (Rey o Emperador y Primer Ministro) que emitía la directiva global y sobre esa base, el jefe del EMG emitía a su vez las suyas, dejando espacio para la iniciativa individual pero sin apartarse del plan maestro.  Von Moltke planificaba previamente, pero también reiteraba –siempre- que una vez  iniciadas las hostilidades lo planeado podía alterarse drásticamente ante lo imprevisible de las situaciones.  De ahí la capacidad de iniciativa propia que inyectaba a sus colaboradores, lo que permitía rápidas adaptaciones según las acciones en curso.

Ninguna organización hoy en día puede darse el lujo de desdeñar -o de descuidar- la creación de un EMG para usarlo en sus múltiples actividades, sean cuales sean éstas. Sin un estado mayor que asesore, guíe y llegado el momento ejecute, es imposible alcanzar objetivos claros. Los manotazos al aire o las improvisaciones a veces pueden ser afortunados, pero a la larga terminan en pérdidas (cuantiosas) de gente, oportunidades o dinero. El azar ingresa en todo aspecto de la existencia, pero mejor tratar de encapsularlo; es preferible manejar las cosas mediante un estado mayor organizado, apto y siempre listo. Caso contrario, el fracaso –para cualquier tipo de accionar- estará a la vuelta de la esquina.


Publicado en fecha: 17 de octubre de 2008
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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