¿EXTERMINAR AL CAPITALISMO?

El presidente Evo Morales afirmó una vez más últimamente en las Naciones Unidas (lo dijo varias veces antes desde el año pasado) que “hay que eliminar al capitalismo”.  Planteó como alternativa un “socialismo comunitario”.

Ya expresé algunos conceptos sobre estas sus repetitivas expresiones en octubre de 2007 y  creo que siguen siendo válidas ahora en 2008,  sobre todo por la reiterada muletilla de  Su Excelencia de que “el capitalismo es el peor enemigo de la humanidad”.

El tema central y real es que sin capitalismo, este mundo del Siglo XXI sería totalmente primitivo. Sin capitalismo no tendríamos los aviones “jet” y helicópteros en los que le gusta tanto viajar al presidente Morales, sobre todo cuando son prestados por su amigo Hugo Chávez. Tampoco tendríamos los celulares que usan Evo y sus colaboradores, ni “bluejeans” y zapatillas tenis,  indumentarias a las que el mandatario es tan afecto. Al final, nada moderno existiría sin el capitalismo, comenzando con los grandes adelantos en salud y medicina que han mejorado notablemente los índices de desarrollo humano. El capitalismo es un gigantesco motor generador de empleos y acelerador del crecimiento tecnológico con progreso ascendente.

Obviamente, ese capitalismo en su versión cruda es como un potro chúcaro. El capitalismo –al igual que el figurativo equino- ha tenido que “domarse” para que no persista su versión cruel e inhumana. De eso, de domar y encarrilar al capitalismo, se ha encargado un proceso histórico mundial que generó controles de diverso tipo, regulaciones estatales, sindicatos, derechos del trabajador y otros frenos al capitalismo salvaje, aunque todavía en algunos lugares de China y de la India se pueden ver terribles manifestaciones del capitalismo primitivo explotador, con niños o mujeres  laborando en horarios inhumanos y con sueldos miserables.

El capitalismo social moderno, debidamente tamizado, es quien genera todo lo que tenemos, todo lo que el mundo es. Y en este campo, si de algo sufre Bolivia, más bien es de falta de capitalismo, no de sus excesos. Acá hay que estimular al capitalismo, no exterminarlo. Y si no, vean ustedes el capitalismo de nuestras cholitas, tan trabajadoras e inventivas, tales como las que vemos a simple vista en los mercados populares de diversos centros urbanos de Bolivia y algunas de las cuales llegan a tener grandes fortunas. ¿Estarán conformes estas cholitas con la visión utópica de S.E.? Sinceramente lo dudo, ellas son tan capitalistas como lo es hoy cualquier millonario emprendedor o empresa transnacional. La diferencia ocurre en los matices, no en el fondo. De la misma forma, no creo que ningún empresario boliviano, pequeño, mediano o grande, esté de acuerdo con la eliminación del capitalismo; les quitaría su propia esencia, su propia razón de ser como  seres productivos que arriesgan lo suyo para obtener legítimos beneficios y prosperar, generando al mismo tiempo fuentes de trabajo de netos efectos multiplicadores.

La visión del presidente Morales, por lo menos en mi modesta perspectiva, está alejada de la realidad del mundo contemporáneo y refleja un sendero alarmante de hacia dónde se quiere conducir los destinos del país.

No en vano S.E. se estrella permanentemente contra el capitalismo productivo del departamento de Santa Cruz, claro ejemplo de inclusión económica, social y étnica; por tanto, un formidable rival concreto de su irreal visión de una Bolivia sin capitalismo, visión condenada al fracaso en este mundo globalizado del que somos parte y del que no podemos –ni podremos-  escapar.


Publicado en fecha: 2 de mayo de 2008
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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