ESPACIO TERRESTRE: LA LÓGICA DE SU DOMINIO

En anteriores comentarios sobre el espacio terrestre, expresé que éste era absolutamente imprescindible y que sin espacio no hay nada. Hasta la historia humana podría resumirse en luchas por el espacio y por su dominio efectivo. Recalco lo de dominio, algo muy distinto a la mera ocupación formal del espacio que caracteriza hasta hoy a Bolivia y por eso el historial de pérdidas territoriales, tragedias que pudieron evitarse si la clase dirigente hubiera tenido verdadera visión de espacio, no una terrible miopía, que  desgraciadamente fue la norma.

El tener un sitio para vivir, trabajar y descansar, demuestra lo importante que es el espacio, aunque rara vez se habla del espacio como tal en esas circunstancias. Quien tiene espacio tiene la obligación de defenderlo y cuando sea posible, expandirlo, hacerlo crecer. Quien pierde espacio pierde parte de su vida.

Durante mucho tiempo el espacio ha sido mal visto y la geopolítica se convirtió en mala palabra, aunque ahora ha retomado un auge notable, recuperando su credibilidad. La relación entre poder político y asentamiento geográfico resulta vital para la mejor comprensión de problemas nacionales e internacionales.

El tema tierra en Bolivia contiene un criterio geopolítico de redistribución y reasignación. No se trata solamente de “eliminar latifundios” o de “profundizar reformas agrarias”. Subyace un concepto claramente geopolítico en la manera en que se aborda el tema tierra, aunque jamás se lo explicite. Se trata, en suma, de una lucha por el poder entre los que pretenden las tierras y los que las poseen, como también de una silenciosa pugna por controlar y repoblar regiones.

            La lógica del dominio espacial es fundamental para comprender determinados aspectos que hacen a la hora presente, sobre todo cuando se habla de redistribuir tierras del oriente boliviano.

Las potencias fuertes en espacio contra las débiles en espacio se han enfrentado históricamente, las unas por ganar más espacio o no dejárselo quitar, las otras por ocupar espacios mayores de los escasos que tenían. Y estas luchas –de resultados variables-  siempre han tenido y tendrán vigencia, por mucho que se hable o afirme lo contrario. El espacio contiene materias primas, recursos diversos, ríos, lagos, etc. Siempre habrá un contestatario frente al espacio que no se usa o que no se controla debidamente; siempre habrá quien lo ambicione o codicie.

Dejando de lado el peculiar momento actual, lo verdaderamente importante -en una perspectiva de largo plazo- es que Bolivia pase a tener conciencia de la importancia de su espacio geográfico, aspecto que vengo machacando desde hace décadas. Asimismo, la revalorización espacial es de suyo importante. En este sentido, hay territorios en el altiplano y valles que también podrían ser objeto de redistribuciones y asentamientos; no sé por qué solamente se piensa en el oriente cuando se plantea el asunto, salvo que la intención abierta sea el control (la “conquista”) de la región. Al final, lo ideal sería que cada comunidad se desarrolle en su propio lugar, en su propio espacio, en lugar de emigrar internamente hacia otros lugares dentro y fuera del país por carecer en su terruño de condiciones para desenvolverse debidamente.

Bolivia es rica en espacio, hay tierra suficiente para sus 10 millones de habitantes; contamos además con grandes reservas de territorio para sobrevivir en cualquier circunstancia. Lo que falta es dominio inteligente del espacio, por eso estamos como estamos.


Publicado en fecha: 11 de enero de 2008
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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