EMERGENTES PIDEN UN NUEVO ORDEN MUNDIAL

Tiempo atrás, (junio de  2005) mencioné que el llamado Grupo BRIC -Brasil, Rusia, India y China-, estaba de moda. Hoy, el ascendiente internacional de los BRIC ha crecido considerablemente. La excepcionalidad recae sobre el lado ruso, ya que pese al todavía enorme arsenal nuclear y a los desplantes de Vladimir Putin y de su actual heredero político Dimitri Medvedev, Rusia está en una declinación alarmante en términos humanos: pierde población año tras año. Económicamente, tampoco el país territorialmente más grande del orbe anda tan bien, aunque algunas cifras digan otra cosa; la extrema dependencia rusa del gas y del petróleo la hace vulnerable. Por otro lado, su ingreso per cápita apenas supera al del Líbano y es inferior al de Botswana. A estos actores del BRIC se suman ahora México y Sudáfrica, quienes tienen aspiraciones regionales e internacionales nada despreciables. Todos ellos quieren tener acceso al G-8 de naciones industrializadas o ampliarlo. Asimismo, pretenden puestos permanentes en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La ONU, como tantas veces he dicho, refleja el orden imperante al terminar la Segunda Guerra Mundial. Desde 1945 a la fecha hay más de 60 dinámicos años. Muchas cosas pasaron, entre ellas la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas  Soviéticas (URSS), el fin de la Guerra Fría, el acrecentamiento del calentamiento global, la emergencia de nuevos países, crisis y conflictos localizados, problemas energéticos y alimentarios, etc.
La verdad es que la ONU ha quedado totalmente rezagada institucionalmente, pero la política del poder que se encubre bajo el manto del llamado “sistema de seguridad colectiva”, sigue manejando los hilos. Quienes hoy dominan, son reacios a un cambio que puede afectar sus intereses. Sin ir muy lejos, ni Gran Bretaña ni Francia (potencias declinantes) aceptarán renunciar a su poder de veto –que comparten con EE.UU., Rusia y China- en el Consejo de Seguridad para dárselo, digamos,  a los vencidos de ayer y poderosos de hoy: Alemania y Japón. Menos aún, los cinco con poder de veto aceptarán un recorte de sus privilegios para acomodar a otros aspirantes.

Hasta el momento no se configura todavía un nuevo orden mundial, aunque ello ya resulta imprescindible. El “aggiornamento” de todas las instituciones surgidas del sistema de la ONU también se impone. El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y otras entidades supranacionales creadas el siglo pasado, precisan acomodarse en función de los tiempos y de las nuevas necesidades planetarias. Muchas de las demandas de los grandes países en desarrollo -cuyo reclamo de reformas en el sistema internacional se hace más agudo-, deberán  ineludiblemente tenerse en cuenta.

Cabe, asimismo, profundizar la coordinación de políticas entre las economías avanzadas y las emergentes. En este sentido,  el  G20 -creado en 1999 para ver problemas financieros- constituye un foro que comprende a todos los países miembros del G8 más muchas economías en desarrollo. Ya hay un avance,  que aún sin superar la política del poder, entra en mayores dosis de realismo.

Si una contradictoria Rusia, más brasileños, mexicanos y sudafricanos, aspiran a mejores sitiales en el concierto internacional, ni hablar de China e India. Ambos estados suman  enormes territorios, una población superior a los dos mil cuatrocientos millones de habitantes y sus economías crecen a ritmo vertiginoso. Más que aspirar, chinos e indios ya merecen -con creces- ser parte fundamental del nuevo orden mundial a crearse.


Publicado en fecha: 8 de agosto de 2008
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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