EL DINERO A LO LARGO DEL TIEMPO

A medida que las transacciones se fueron intensificando se hizo imperativo disponer  de un común denominador que reemplace al trueque. Surge el dinero como medio general de cambio y reserva de valor, sus dos principales atributos, válidos hasta hoy en el Siglo XXI.

En la antigüedad el oro y la plata fungieron como dinero. El metal áureo quedó en la exclusividad de monarcas y poderosos, rara vez circulaba entre el pueblo. La plata, por ser un metal mucho más barato que el oro, se convirtió en moneda corriente. De este uso persiste decir “no tengo plata”, “este señor es platudo”, etc. Para facilitar la circulación se hicieron acuñaciones diversas. He aquí, en líneas generales, el principio histórico del dinero manual.

Las rutas en remotas épocas eran peligrosas y los mercaderes se veían sujetos a innumerables peligros. Por ello nació el pagaré o letra de cambio, para que contra un valor determinado se entregue en el punto de destino una cantidad “x”. Este fue el origen del llamado dinero giral o dinero bancario.

Entre los mercaderes se fueron creando grupos que se dedicaban a intercambiar giros y letras de cambio. Así nacen los banqueros y los bancos, la esencial intermediación entre oferta y demanda de dinero.

El papel moneda simplificó transacciones y abarató la distribución monetaria; a ese papel sólo había que ponerle valores nominales y sustituía el manejo de monedas. Este papel no podía ser impreso por cualquiera, tenía que tener la garantía del soberano del canje del valor nominal por su valor en oro o plata a simple requerimiento. Este respaldo dio origen a los bancos centrales, custodios de la política monetaria de cada comunidad.
Con la evolución tecnológica y la inventiva del hombre, se  han ido generando otros tipos de dinero. Hace más de 50 años se creó la primer tarjeta de crédito. Para aquella época, fue algo revolucionario: un cartón que con su sola presentación -avalado por una institución de prestigio- servía para pagar cuentas. La tarjeta de crédito se ha ganado justicieramente el título de dinero plástico.

El uso de tarjetas (débito y crédito) se ha extendido masivamente. Así como los antiguos mercaderes tenían temor de llevar en sus bolsas oro y plata, los agentes económicos de la actualidad prefieren llevar sus tarjetas en lugar de efectivo en el bolsillo.
El dinero plástico es dúctil, versátil y más seguro que el dinero manual. La banca boliviana emite tarjetas de crédito y de débito, realizando transacciones con la misma eficacia que cualquier entidad del resto del mundo. Hoy podemos realizar compras y acceder a  cajeros automáticos en todos los rincones del planeta, algo impensable hace un par de décadas.

El advenimiento de Internet le ha dado una nueva dimensión al dinero plástico, ya que se puede adquirir cualquier tipo de bienes a través de la red, tomando resguardos con el fin de evitar el fraude electrónico. En este sentido, aconsejo que se opere con límites establecidos y con previo conocimiento del banco emisor de la tarjeta para evitarse sorpresas desagradables. Asimismo, las adquisiciones por Internet deben orientarse a lugares seguros. Jamás hay que dejarse tentar por sitios fantasmas; mucho menos, dar número de tarjeta, nombre y dirección.

En el mundo del mañana, el comercio electrónico –desde casa u oficina- será paralelo al comercio normal. Veremos que nos deparará en el futuro el dinero virtual, nueva forma que ya asoma en el horizonte.


Publicado en fecha: 18 de enero de 2008
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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