ESTADOS UNIDOS Y  EL CAPITALISMO

Cada tanto se anuncia el “fin del imperio” o la “inminente” decadencia norteamericana. La semana pasada los presidentes de Irán y de Venezuela volvieron a repetir esas profecías del desastre. Hasta reputados historiadores como Paul Kennedy hicieron predicciones similares tiempo atrás. Todos fallaron. De crisis en crisis, Estados Unidos sigue siendo -de lejos- la primer gran superpotencia mundial. Seguirá así todavía por muchos años.

Algún día EE.UU.  declinará definitivamente. La historia señala que el ciclo de decadencia es previsible en toda civilización, pero el “cuándo”, creo que está todavía por verse. Pese a las crisis recurrentes que afectan a este país y a su disminuida influencia global -no por su achicamiento sino por la sencilla razón del crecimiento del resto del mundo, lo que se refleja ahora en un menor porcentaje de participación estadounidense en muchos aspectos-, la poderosa máquina norteamericana sigue vital.

Al heredar la revolución industrial y el dominio marítimo de Gran Bretaña, EE.UU. afianzó luego su poder mundial con el expansionismo del capitalismo y participando en  dos guerras mundiales. A partir de allí y aún durante la llamada “Guerra Fría”, su superioridad fue evidente.

Mientras en Bolivia se habla desde hace rato (Evo Morales lo repitió ya por tercera vez en la Asamblea de las Naciones Unidas) de “eliminar el capitalismo” y que “el capitalismo es el origen de todos los males”,  en EE.UU. el capitalismo demuestra su enorme flexibilidad y adaptación para adecuarse a cada crisis, a cada coyuntura y salir una vez  más remozado, generando riqueza, empleos y progreso tecnológico.

Mientras el socialismo y todas sus variantes extremas fracasaron, el capitalismo se reinventa y se perfecciona permanentemente; es como un organismo vivo que mejora a partir de sus errores y sigue raudo su marcha. Tiene para ello, hoy, la presencia de marcos reguladores y de los  propios estados, que le ponen frenos al capitalismo salvaje y le dan su toque protector, tal como ocurre en Europa occidental, pero sin que el capitalismo pierda su natural dinamismo. Además, el capitalismo genera innovación permanente, tal como lo predijo el gran economista austríaco Joseph Alois Schumpeter. Esa innovación trae consigo la llamada “destrucción creativa”, la paulatina salida del mercado de bienes y empresas que son sustituidos por otros productos y otras empresas. Este proceso es constante, no para nunca, pero sí se hace más evidente en momentos de crisis, como está sucediendo actualmente con el tema financiero, de suyo de alta gravedad, pero que de ninguna manera es una “crisis terminal” del capitalismo, como predican varios agoreros. Se trata de un mecanismo más, dentro de la dinámica de la destrucción creativa, del ciclo de renovación del capitalismo.

En un marco de libertad económica, el estado será siempre necesario; es imposible ordenar vidas y pautas sin la presencia de un dominio que imponga orden y genere equilibrios. Y basado en ese dominio, el estado deberá intervenir cuando corresponda, para ser el árbitro que regule y compense los desequilibrios que puedan producirse. Es lo que está haciendo EE.UU. ahora.

El capitalismo ha sobrevivido a través del tiempo  y seguirá adelante, con sus  inevitables dosis de crueldad (que deben regularse) y sus refrescantes dosis de creatividad (que deben estimularse). El campeón del capitalismo, Estados Unidos, tiene cuerda para rato.


Publicado en fecha: 3 de octubre de 2008
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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