DINÁMICA DE LOS CAMBIOS DE CAPITALES

El gran historiador británico Arnold Toynbee  consideró que los cambios de capital eran parte del progreso y del vigor de los pueblos, ya que con esas modificaciones territoriales lograban espacios nuevos y cambios en su estructura  económica, política y social. También mejoraban su nivel comparativo con otras civilizaciones rivales.

El lugar donde se instala la capital siempre anuncia algo. Hay capitales defensivas y agresivas, como las hay estáticas, estancadas. Si los Hohenzoller de Prusia hubieran elegido Köenisberg como capital en lugar de Berlín, hubieran pretendido más territorios hacia el este. Eligieron Berlín y así -para compensar a su centro geopolítico de gravedad- se generó una expansión hacia el oeste al crearse en 1871 el imperio alemán, uniendo a los principados germanos y anexando Alsacia-Lorena a costillas de Francia. Muchos siglos antes, los caballeros castellanos deambularon con su capital por Burgos y Toledo hasta llegar al centro geométrico de la península ibérica, Madrid. Desde allí pudieron controlar la reconquista de su territorio frente a los sarracenos (moros) que los habían invadido desde el año 710.  Suecia cambió su capital, Japón hizo lo mismo, Vietnam también. En Holanda la capital oscila entre Ámsterdam y La Haya. Así sucesivamente y hasta nuestros días, los cambios de capital son constantes. En estos últimos años, varios países de Asia y de África han decidido mover sus capitales, tales los casos de Birmania, Kazajstán, Nigeria, por citar unos cuantos. En Sudamérica el caso más notorio fue el de Brasilia y podría agregarse –como ejercicio especulativo- el frustrado traslado que pretendió Raúl Alfonsín de Buenos Aires a Viedma en 1985.

Desde hace varios años he escrito numerosos trabajos sobre este interesante tema de las capitales. Felizmente lo hice antes del llamado “octubre negro” de 2003, como también antes del pleito por la capitalidad entre La Paz y Sucre, pleito que en lugar de ser nacional -por intereses de la élite centralista paceña en alianza con el actual gobierno- se transformó en algo regional, entre dos ciudades, lo que nunca debió ocurrir. El debate debería haber sido y debe ser nacional, pensando en la proyección del país y procurando instalar la cabeza del estado cerca de su nuevo centro de gravedad, en lugar de seguir como está ahora. 

Bolivia, con su capital excéntrica en La Paz, es como un buque pesado de proa, sin equilibrio en su centro de gravedad y por tanto, con riesgo de hundirse. Sinceramente no creo que el país tenga viabilidad a largo plazo si se insiste en la mantención de La Paz como sede de gobierno. A ello hay que agregar otra cosa que ya escribí tiempo atrás y tiene validez plena: La Paz es una sede absolutamente vulnerable, se la puede cercar u ocupar con facilidad. Contradice así un principio fundamental de toda capital: el tratar de ser inexpugnable. La Paz, además, está bajo permanente sitio de la ciudad de El Alto, urbe que ha tomado inusitada importancia -más allá de su población o producción- por el hecho de tener a la sede de gobierno tomada de la yugular. Con la capital boliviana en otro lugar, eso cambiaría radicalmente. El Alto pasaría a ser una ciudad más, con sus problemas y potencialidades. Punto.

Los cambios de capitales implican avances cualitativos y compensaciones geográficas interiores. Cuando una sede se torna inviable y se insiste ciegamente en su permanencia, el país que así actúa ingresa en un ciclo  peligrosamente decadente. El hacer o no hacer genera consecuencias, de una forma u otra. Así lo señala la historia.


Publicado en fecha: 10 de octubre de 2008
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

Los más Recientes



Copyright © 2013 - Todos los Derechos Reservados

Telf. de contacto: 74969109 Diseñado por: Vicente Candaguira