¡CUIDADO CON LA TIRANÍA DE LA MAYORÍA!

Continúo con la tónica de la lúcida  nota “Dictadura de las mayorías”, de Joaquín Monasterio Pinckert. Alexis de Tocqueville (1805-1859), en su obra “Democracia en América”, anunciaba potenciales amenazas para la joven república norteamericana. Elaboró así sobre algo ya manifestado anteriormente por los propios Padres Fundadores de los Estados Unidos: el peligro de la tiranía de las mayorías. Esto implicaba la temida posibilidad de la supresión de lo individual (que es inherente a toda teoría democrática) por un solo sentimiento colectivo animado en la plebe -y sostenido por la plebe- mediante un lavado cerebral colectivo generado desde el gobierno.

A la democracia se la puede definir de diversas maneras y también se entiende su funcionamiento, pero deberá estar siempre presente -como condición necesaria- la posibilidad de disentir y que ese disenso sea respetado. El que una minoría no esté conforme y así lo manifieste sin temor, es el elemento sustantivo de una democracia. Sin ello, todo lo demás resulta hueco. La verdadera democracia no está en el voto, sino en el derecho a no estar de acuerdo.

Thomas Jefferson (1743-1826) tercer presidente de EE.UU. y uno de los principales redactores de la Declaración de la Independencia, también escribió acerca de la tiranía de la mayoría. Lo atemorizaba que el 51% del pueblo controle indebidamente al 49% del pueblo. Esto es similar a lo que sucede en Bolivia hoy. Aunque ahora las cifras se inflaron al 67 % en conformidad con el controvertido Referéndum Revocatorio, lo cierto es que esta consulta fue para ratificar el mandato y no  refleja necesariamente una expresión de  mayor popularidad para el binomio presidencial. Lo válido para Evo Morales y Alvaro García sigue siendo  el resultado electoral a su favor de diciembre de 2005 (53,7%).

Otro patriarca norteamericano, James Madison (1751-1836), manifestó (El Federalista 51) que "reviste enorme importancia no sólo el que en una república se resguarde a la minoría de la opresión de sus mandantes, sino que también  se preserve a una parte de la sociedad contra la injusticia de la otra parte. Si la mayoría se une ciegamente por un común interés, los derechos de la minoría estarán inseguros”.  Es por eso que  en EE.UU. se procuró  desde el inicio un sistema de “check and balance” y no únicamente entre Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, sino también dentro de cada uno. El gobierno debe controlar a los gobernados sí, pero el gobierno está obligado también a tener su propio auto control.

Muchos problemas derivados de la tiranía de la mayoría no han sido resueltos  hasta hoy. Es por eso que se tiene que insistir en torno a este vital asunto cada tanto. Lo esencial en democracia es que la minoría (sea pequeña o casi la mitad del electorado) tenga siempre voz, sea escuchada y respetada, como también en algún momento intervenga en los actos de gobierno. El respeto a disentir sigue siendo lo fundamental, lo definitorio del proceso democrático.

Hasta en las sociedades anónimas se estipulan derechos para las minorías y con el afán de evitar que un Directorio mayoritario haga lo que le venga en gana. Con mayor razón, en el seno de las instituciones republicanas la minoría debe ocupar un espacio.
Haría bien el actual gobierno boliviano en tomar nota. La cosa no es simplemente de “mayorías con todo el derecho” ni de “minorías que no son representativas”. La minoría tiene su legítimo lugar y no puede ser atropellada. Esa es la medida exacta de una auténtica democracia.


Publicado en fecha: 28 de noviembre de 2008
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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