CUANDO DE DECIDIR SE TRATA

Por su importancia,  el tema de las decisiones se enseña como capítulo separado en los cursos de ciencia política, relaciones internacionales, administración de empresas, etc., como también continuamente se dictan seminarios alusivos. La toma de decisiones es determinante para  naciones, empresas, individuos y sociedad organizada. Lo que hagamos hoy puede definir nuestro mañana. El no hacer es  también una manera especial de hacer, de decidir; es bueno recordarlo.

El arte de decidir y de decidir bien o mal, tiene un alto valor de naturaleza cualitativa. Desde ya, puede ser también cuantificable por involucrar pérdidas o ganancias, sean éstas monetarias, territoriales o  de naturaleza subjetiva, llegando a incluir  aspectos políticos, de ética, ascensos y descensos de categoría socio-económica, u otros.
Al tomar una decisión, por muy pequeña que sea, se desencadena un conjunto de elementos o se deja a otros sin movimiento. Cada decisión puede modificar al mundo si se trata del líder de una superpotencia o solamente se alterará una microscópica parte del universo natural -y de nuestro mundo propio-  si se trata de una simple persona. Por ínfima que sea la reacción producida por la decisión, ésta siempre trae cambios y genera –esto conviene recordarlo- consecuencias.

Hace años circulaba en Argentina una tira cómica llamada “El minuto fatal”. Ella se refería justamente al momento fatídico en que el personaje de turno generaba, con su decisión, algún tipo de desastre. La cosa no siempre es así, empero. Muchos toman decisiones afortunadas que cambian radicalmente sus vidas y aumentan patrimonio o prestigio. Otros se encaminan con sus malas decisiones hacia una especie de “foso de las tarántulas”. El problema global estriba en que casi nunca estamos solos y cuando decidimos, rara vez lo hacemos por cuenta propia. Aquellos que están bajo la responsabilidad de nosotros sufren las consecuencias si lo decidido fue errado y por cierto, se beneficiarán cuando  sí acertamos.

El decidir bien o mal implica todo un proceso previo, hasta en el más atolondrado o apurado. Tiene que haber una opinión o influencia de alguien, un filtro para los recuerdos y hasta se puede  hacer el ejercicio de “algebra moral” que aconsejaba Benjamín Franklin: en una simple hoja, trazar una línea  en la mitad  para escribir lo favorable de cada posible decisión en una columna y lo desfavorable en la otra . Una vez completa la lista, comenzar a tachar. Si los “pros” son más que los “contras”, decidir; caso contrario, no hacer nada. Es simple pero algunos dicen que da resultados.
Lo de decidir nos llevaría mucho más espacio, es un rubro fascinante del comportamiento humano en solitario y como ser social.

Reviste particular importancia la decisión en condiciones de liderazgo. La posición anterior de cada líder puede generar iniciativa o desfavorecerla. Lo que pretenda tener éxito en política o en economía debe ocurrir no sólo en el sitio indicado sino también en el momento indicado. Prevenir lo que vendrá es una manera de llegar a decisiones menos onerosas. Siempre tendremos adversarios de una u otra naturaleza; la vida es lucha y se lucha en todos los frentes: contra uno mismo y contra las circunstancias. Por eso es importante siempre decidir y decidir bien, antes que otros decidan por nuestra cuenta. No en vano, como ya lo cité en una columna anterior, Maquiavelo decía que  “quien elude toda decisión terminará siendo obligado por el adversario a tomarla, y bajo condiciones que éste le impone”.


Publicado en fecha: 5 de diciiembre de 2008
Escrito por: Agustín Saavedra Weise

 

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